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EL GOLPE MAESTRO DE SATANÁS

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¿Es cristiana la veneración de la Santa Muerte?

¿Es cristiana la veneración de la Santa Muerte?

Las personas que veneran a la así llamada “Santa Muerte” la presentan como una «entidad espiritual» que ha existido siempre, desde el principio de los tiempos hasta nuestros días. De hecho, dicen que es la entidad espiritual más poderosa que existe.

Afirman que esta entidad espiritual maneja una energía denominada «energía de la muerte», capaz de materializarse en una figura, que concentra tanto la fuerza creadora como la destructora del universo. Según ellos, el que cree en la «Santa Muerte» puede aprender a manejar esta fuerza, que emana de sus imágenes consagradas, puesto que la Niña Blanca (otro de sus nombres) es una de las protecciones más fuertes que existen.

 1. ¿Por qué la veneran tanto?

Para sus devotos, «la Señora», como la llaman afectuosamente, es capaz de aparecerse y manifestarse corporalmente o imprimir sus imágenes en diversos lugares. En libros y revistas en los que se promueve su culto, narran las supuestas intervenciones milagrosas que han vivido, en las que la «Santa Muerte» los ha librado de múltiples peligros y les ha ayudado a resolver problemas complicados, relacionados con la salud, el dinero y el amor.

Otro dato importante: los que practican el culto a la llamada «Santa Muerte» lo hacen porque, supuestamente a “ella” se le puede pedir de todo: hay gente que pide favores o milagros para tener trabajo, salud o comida, pero también hay personas que piden el poder económico, político o criminal, quienes curiosamente le solicitan venganzas o muertes, además de éxito en sus actividades relacionadas con el crimen organizado.

Lo que nunca se atreverían a pedir a Dios, a la Santísima Virgen, a los ángeles y a los santos, se atreven a pedirlo a la así llamada «Santa Muerte». No extraña, pues, que el culto a la «Santa Muerte» se relacione con personas que viven en situaciones de alto riesgo y con la delincuencia esporádica u organizada. Sus devotos suelen portar un dije o un escapulario ostensible con esta imagen. Hay muchos que se hacen un tatuaje en la piel. La llevan los militares, los policías, los narcotraficantes, los delincuentes y las sexo-servidoras, aunque como en todas las reglas, existen excepciones. La Santa Muerte es un símbolo que parece identificar a personas que viven entre lo legal y lo ilegal.

 2. ¿Es cristiana la veneración a la Santa Muerte?

La veneración a la llamada «Santa Muerte» no es cristiana, más bien está relacionada con las llamadas ciencias ocultas, el espiritismo, la magia, la brujería y el esoterismo. Algo completamente al margen de la fe católica, que prescinde del aspecto ético y tolera, promueve y apoya conductas delictivas. Se trata de un culto completamente alejado de las enseñanzas de Jesús, que conocemos por la predicación en la Iglesia católica.

 3. ¿Cuándo y dónde inició este culto?

Su origen es incierto. Hay quienes afirman que es un culto de origen prehispánico o de origen africano. Algunos estudiosos creen que este culto inició de manera más abierta hacia 1950 en la república mexicana, especialmente en tres estados (Veracruz, Hidalgo y Zacatecas) y el Distrito Federal (el barrio bravo de Tepito), aunque su origen está en un grupo religioso sincrético llamado espiritualismo trinitario mariano.

 4. ¿Por qué se ha difundido mucho este culto?

Por su extremo parecido a la religiosidad popular católica, por el uso de imágenes, altares, veladoras, flores, procesiones, etc. De hecho, muchos católicos de Iberoamérica creen que se trata de algo aprobado por la Iglesia y piensan que la «Santa Muerte» es un santo más de la Iglesia Católica. Muchos la veneran a la par de San Judas Tadeo o San Chárbel.

Por otra parte, para quienes lo promueven, el culto a la llamada «Santa Muerte» representa una fuente importante de ingresos constantes, por la credulidad, la ignorancia y la buena fe de los devotos, que adquieren todo lo relacionado con ella. Lee el resto de esta entrada

El demonio de la depresión y el demonio vagabundo

En el año 345, ya existía esa cosa del diablo que es la depresión y actuaba en los monasterios. He aquí las indicaciones de Evagrio Póntico, monje y asceta cristiano (345-399), para alejarse de “El demonio de la tristeza”: “Todos los demonios enseñan al alma el amor por el placer: sólo el demonio de la tristeza se abstiene de ello. Por el contrario, destruye todos los pensamientos insinuados por los otros demonios, impidiendo al alma sentir cualquier placer, insensibilizándola con su tristeza. Es cierto lo que se ha dicho: que los huesos del hombre triste se tornan áridos (Pr 17:22). Y sin embargo, si se lucha un poco, este demonio sirve para fortalecer al solitario. Lo convence de no acercarse a ninguna de las cosas de este mundo ni a ningún placer.”

Parece describir un cuadro clínico de una persona deprimida realmente, aquella que se encuentra en un estado de indiferencia que le vuelve blanco de todas las enfermedades. Los médicos modernos han descubierto las asociaciones entre quien ha padecido un trance agudo de depresión y posteriores padecimientos patológicos. En una época anterior a los ansiolíticos, Evagrio parece encontrar hasta una raíz freudiana del asunto, asociándolo con una figura emblemática de la tradición cristiana.

“Si persiste en su lucha, genera en él pensamientos que lo inducen a alejar su alma de este tormento o lo fuerzan a huir de ese lugar. Tal es lo que ha pensado y sufrido el santo Job, atormentado por este demonio: Ojalá pudiera echar mano a mí mismo u otro, a mi pedido, así lo hiciera (Jb 30:24). Símbolo de este demonio es la víbora, animal venenoso. La naturaleza le ha concedido, benevolentemente, el que pueda destruir los venenos de los otros animales, pero si la tomamos en estado puro, destruye la vida misma.”

Otro hallazgo en los escritos de Evagrio Póntico es esta advertencia sobre un diablo latoso que hace que los hombres solos pensemos en el sexo y él recomienda encarar así al pequeño demonio:

“Hay un demonio, denominado vagabundo, que se presenta a los hermanos sobre todo durante el transcurrir del día. Éste pasea nuestro intelecto de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y de casa en casa. El intelecto entabla, al principio, simples diálogos. Luego se entretiene por más tiempo con algún conocido y corrompe el estado interior de los que encuentra, y luego, poco a poco, se va olvidando de su conocimiento de Dios, de las virtudes y de su propia profesión.

“Es pues necesario que el solitario observe de dónde viene este demonio y a dónde éste quiere llegar. No es por casualidad que este demonio da todas estas vueltas. Lo hace para corromper el estado interior del solitario. De este modo el intelecto, enardecido por estas cosas, ebrio por todos los encuentros, inmediatamente se tropieza con el demonio de la fornicación, o de la ira, o de la tristeza. Sentimientos que masivamente destruyen el resplandor del estado interior.”

Si leemos con atención los primeros libros de la Biblia, el demonio casi no es mencionado. Se nos habla de la Serpiente y que Jehová decide castigarla, haciéndola caminar arrastrándose sobre su vientre, prueba de que el redactor del Génesis tenía conocimientos de que las serpientes antiguamente habían tenido patas, detalle que no dejaba de maravillar a un científico ateo del siglo XX llamado Carl Sagan.

Al inicio, el conflicto consiste en que el pueblo judío no tenga dioses ajenos a Jehová. Hasta que ocurre el momento del destierro en Babilonia, Israel –y por ende, la civilización occidental posterior– no ha encontrado un personaje para hacerlo culpable de los pecados que cometemos por la naturaleza humana. Es en esa etapa cuando eclosiona la figura del diablo y por eso no es gratuito que la película El Exorcista inicie con una escena filmada en Irak, donde los perros del desierto ladran aterrorizados ante las ruinas arqueológicas por donde pasea, entre un delirante diluvio solar, el sacerdote Damien Karras.

El debut del Diablo es en el libro de Job, ya bien avanzada la Biblia. Dios le pregunta de donde viene y él le dice que de recorrer la tierra, evadiendo así la pregunta. Volvemos a verlo hasta los evangelios, en el momento de las tentaciones, y Jesús varias veces lo espeta con su nombre. San Pablo recuerda su presencia con furia y en los Efesios llama a vestirse con toda la armadura de Dios para vencer sus acechanzas. Lee el resto de esta entrada

Satanás ataca a los consagrados

El Primer Jueves Santo de la historia, nuestro Señor Jesucristo instituyó el sacramento del Orden Sacerdotal. Desde el inicio de su vida pública hizo saber a sus apóstoles que los estaba llamando al ministerio de ser pescadores de hombres (Mt 4, 1). Conscientes los apóstoles de ser servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios (1 Cor 4, 1), después de oración y ayuno confirieron a otros elegidos el sacerdocio que el Maestro les había conferido constituyéndolos en sus sucesores, ministros de los sagrados misterios, hasta nuestros días.

Jesús les dio el poder de expulsar a los demonios, curar a los enfermos, perdonar pecados. Los apóstoles vieron cómo Él obró incontables milagros, y en su nombre lo hicieron de la misma forma, a pesar de todo uno de ellos fue un traidor.

A Pedro, Jesús le advirtió: Simón, Simón, mira que satanás ha pedido permiso para sacudirlos a ustedes como se hace con el trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto confirma a tus hermanos (Lc 22, 31-32).

Del sacerdocio ministerial se ha escrito:

Vivir en medio del mundo sin desear sus placeres. Ser un miembro de cada familia, sin pertenecer a ninguna. Compartir todos los sufrimientos. Penetrar todos los secretos. Curar todas las heridas. Ir de los hombres a Dios llevándole sus oraciones. Volver de Dios a los hombres trayéndoles perdón y esperanza. Tener un corazón de fuego por la caridad y un corazón de bronce por la castidad. Enseñar y perdonar, consolar y bendecir siempre ¡qué vida, Dios mío! Esa es tu vida sacerdote de Cristo.

María Santísima, no puede permitir que sus hijos los hombres, por quienes su Hijo Jesucristo sufrió tantos tormentos se condenen para siempre perdiendo la posibilidad de su salvación, y en sus diversas apariciones, en medio de curaciones y milagros de conversiones inexplicables nos pone en guardia contra el astuto demonio. Satanás es uno de los protagonistas más decisivos de sus manifestaciones. En todos los santuarios es el mismo el fondo de las recomendaciones aunque en algunos desarrolle algo más la misma idea.

En la carta que escribió la vidente Lucía de Fátima al Procurador de la Causa de Beatificación de sus dos primos, hoy beatos Jacinta y Francisco, hay algo que aterroriza en las manifestaciones: la inquina, el odio de Satanás contra los sacerdotes y contra los religiosos por la benéfica influencia que ellos pueden ejercer en la conversión de las almas.

Veamos estas 3 dramáticas advertencias:

1ª: Algunos sacerdotes olvidadizos de su vocación, arrastran muchas almas a la condenación.

2ª: El demonio ataca seriamente a las almas consagradas a Dios. Sabe que con perderlos, se perderían también muchas otras almas.

3ª: Muchas de las personas que creen seguir los caminos de la perfección, no hacen caso alguno de las relevaciones de María Santísima en Fátima a los tres pastorcitos y practican una vida según sus caprichos.

Los soldados de un ejército saben que si hieren o matan a uno de los jefes principales, hacen mucho mayor daño que si eliminaran a millares rasos, puesto que al perder al director de un grupo, se puede fácilmente desbaratar todo él.

De ahí su interés particular de atacar principalmente a los sacerdotes y religiosos que deben animar y conducir a los demás por las vías de la santidad. Lo que no puede tomarse como chiste y ni poner en duda, es la insistencia de nuestra Madre del Cielo por nuestra salvación, que siempre está en peligro mientras vivamos en este mundo.

Jesús avisó estremecedoramente que en tiempo de Noé, mientras fabricaba el Arca, la gente comía y bebía y practicaba el amor, sin acordarse de su alma. Vino el diluvio y arrastró a la aniquilación. Cristo confiesa que también en su tiempo existía la misma despreocupación por el alma por lo que les sucedería otro tanto a sus contemporáneos.

Y hoy, ¿podemos afirmar que no nos hallamos en las mismas condiciones de ceguera espiritual, y que la mayoría de las personas sólo viven para comer, beber y amontonar riquezas y desahogar sus exigencias sexuales?

Los sacerdotes han sido constituidos por Dios para ser alter Christus, otro Cristo, pero no están exentos de las flaquezas humanas, por lo que necesitan de la gracia y del auxilio del Espíritu Santo para ser fieles al Señor. Nuestra plegaria se ha de profundizar en perfección de orante, ya que el enemigo de las almas quiere arrebatar los mejores frutos de nuestros campos por falta de vigilantes en nuestras estancias. Lee el resto de esta entrada

El negocio de la magia al descubierto: Quedar atrapados económicamente y en las redes del diablo

Influencia Demoníaca

Colocamos ahora seguidos unos pocos puntos que pueden ser dados en fotocopias a las personas que padecen algún tipo de influencia demoníaca y que vienen a consultar al exorcista.

La idea al colocar estos puntos juntos es la de poder ofrecer un escrito breve y de carácter exclusivamente pastoral. Se trata con estos puntos de poder ofrecer un texto a los fieles que sufren o creen sufrir una influencia demoníaca.

Aquí no se pretende explicar qué sea la influencia ni cómo discernirla. Ni tampoco se explica la diferencia entre posesión demoníaca e influencia. La numeración continúa la de la parte precedente dedicada a los sacerdotes.

Como la gente pide muchas explicaciones al sacerdote al que ha ido a consultar, también hemos colocado unas explicaciones generales. Estos puntos deben ser meditados uno a uno en la oración con mucha detención por parte de las personas que están en un proceso de liberación por parte del exorcista.

La influencia es el fenómeno por el que un demonio ejerce cierta influencia sobre el cuerpo o la salud mental de una persona. En este fenómeno, el demonio no llega a poseer el cuerpo de la persona, de forma que el demonio no puede ni mover ese cuerpo, ni hablar a través de él. Sólo ejerce, como expresa la misma palabra, una cierta influencia.

La influencia puede ejercerse sobre el cuerpo (enfermedades), sobre la mente, sobre las emociones o sobre la voluntad. La influencia sobre la voluntad es al modo de una tentación fortísima. La voluntad siempre es libre y uno puede resistir una y otra vez esta tentación intensa.

La influencia puede ser sobre el cuerpo provocando determinadas enfermedades corporales. O sobre la mente, provocando una influencia del demonio sobre las potencias del alma induciendo de forma obsesiva a determinados vicios o pensamientos obsesivos.

Cuando se ora por una persona que tiene una influencia la reacción es distinta a la de la posesión. La persona siente un malestar general que acaba concretándose en un lugar concreto del cuerpo. O bien la persona acaba no pudiendo controlar la tensión que le provoca la oración, y hace movimientos extraños con los miembros, pero sin perder la consciencia.

En otras ocasiones la influencia se revela por la tremenda crispación que se manifiesta en manos o cara, crispación que suele ser la fase previa a la manifestación de la posesión, pero que en estos casos nunca pasa de esta fase previa sin que se llegue a producir el trance. Y no se produce el trance porque no hay posesión del cuerpo, sino sólo una influencia sobre éste.

Para los casos de influencia la persona tiene que recibir oración de liberación. Bien sea hecha por el sacerdote para que le libere de esa influencia, bien sea hecha por un grupo de laicos que oren por él. Siempre es preferible la oración comunitaria a la de una sola persona, pues el poder de la oración se suma.

Muy a menudo el sacerdote especialista en esta materia no puede estar totalmente seguro de que una persona sufra una influencia demoníaca. Pero sufra o no sufra esa influencia, la persona puede seguir los consejos que aparecen en estas páginas. Pues no hay otro remedio contra la influencia que el que aquí se explica. Y si la persona no sufre influencia no le vendrá mal seguir fielmente estos consejos.

Lo primero de todo que debe entender el que padece una influencia es que el remedio más importante para su problema es que el Reino de los Cielos penetre en su corazón.

Para que el Reino de los Cielos es necesario conocer más el mensaje y anuncio de Nuestro Redentor Jesús de Nazaret. Para lo cual nada mejor que leer cada día una parte del Evangelio.

Es necesario pedir perdón de los pecados. Para lo cual hay que examinar la conciencia durante varios días pidiendo a Dios que nos haga ver cuáles son nuestras faltas y pecados.

Si es usted de los que piensa que no tiene pecado alguno porque no roba ni mata, lea el Evangelio y pronto el Señor le iluminará para ver qué oscuridad es la que hay en su corazón.

Todos somos pecadores. El dolor de los pecados y el cambio de vida es necesario para acabar con las influencias demoníacas. Si usted no se humilla ante Dios y le pide perdón, no le suplique que le quite la influencia demoníaca.

Tras el reconocimiento de los propios pecados, hay que pedir perdón a Dios y después confesarse con un sacerdote.

Sin petición de perdón de los pecados, no hay liberación de una influencia demoníaca.

Es necesario que se convenza de que sin cambio de vida, abandonando todo aquello que vaya contra los Diez 

Mandamientos, no es posible la liberación de una influencia demoníaca.

Después de limpiar el alma con el perdón, hay que llevar una vida cristiana y hacer oración.

La oración llena el alma de amor a Dios.

La oración de la persona es necesaria para que ésta sea liberada. Si la persona no ora, no será liberada.

Si usted pide oraciones al sacerdote para ser liberado, debe ser el primero de todos en orar cada día. No pida al sacerdote, lo que usted mismo no hace en su propio favor.

Una persona que quiera ser liberada de una influencia demoníaca debe hacer cada día un plan concreto de oración con un horario y un tiempo fijado.

Como mínimo sugerimos este plan para cada día: Lee el resto de esta entrada

ARMAS CONTRA SATANÁS

La vida es una lucha contra el mal

 P. Angel Peña O.A.R.

 San Pablo nos invita a defendernos del maligno y a luchar como valerosos soldados en esta lucha sin cuartel, que durará toda la vida. Nos dice: “Revestíos de la armadura de Dios para que podáis resistir las insidias del diablo, ya que nuestra lucha no es contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los malos espíritus. Tomad, pues, la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo y vencido todo, os mantengáis firmes. Estad, pues, alerta, ceñidos vuestros lomos con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia y calzados los pies, prontos a anunciar el Evangelio de la paz. Embrazad en todo momento el escudo de la fe, con el que podáis apagar los dardos encendidos del maligno. Tomad el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, que es la Palabra de Dios, con toda suerte de oraciones y plegarias, orando en todo tiempo” (Ef 6,10-18).

 La victoria está asegurada. “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rom 8,31). “Dios nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo… Manteneos firmes e inconmovibles, abundando siempre en toda obra buena, teniendo presente que nuestro trabajo no es vano ante el Señor” (1 Co 15,57-58).

 La oración

  La oración es un arma imprescindible en la lucha sin tregua contra Satanás. También es importante el ayuno, pues algunos demonios sólo pueden ser expulsados con la oración y el ayuno (Mat 17,21). Otra cosa buena es hacer, sobre uno mismo, tres veces la señal de la cruz y repetir: “Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro”. Y pedir que nos cubra la sangre de Jesús para que nos proteja de todo mal y de todo poder del maligno. La sangre de Jesús es como una campana infranqueable para el maligno con la cual podemos protegernos nosotros y nuestros familiares. Decir más o menos así: “Señor, cúbreme a mí y a mi familia y a todos los presentes con tu sangre bendita y protégenos de todo poder del maligno”. Esta oración de protección con la sangre de Cristo es importantísima hacerla antes de comenzar cualquier oración de liberación para no ser afectados por efectos negativos.

 También es bueno repetir el nombre de JESÚS y MARÍA. Es sabido que los demonios huyen al pronunciar estos nombres santos. Por eso, pronunciar el nombre de Jesús y de María, es como enviar una ráfaga de ametralladora espiritual contra los espíritus malignos que nos rodean. Personalmente, cuando me presento en radio o televisión para alguna entrevista, acostumbro comenzar con “Alabado sea Jesucristo y bendita sea María, Nuestra Madre”. Sé que es muy eficaz, porque es como hacer un barrido espiritual para protegerme a mí y a los que me rodean del poder del enemigo.

 Otra cosa que resulta ser muy eficaz, cuando el demonio quiere hacernos perder la paz y descontrolarnos por la ira o la impaciencia, es repetir jaculatorias como: “Jesús, yo te amo, yo confío en Ti”. Jesús le enseñó a la Venerable Sor Consolata Betrone a repetir constantemente: “Jesús, María, os amo, salvad almas”. Y le dijo que, repitiendo constantemente esta oración, debía hacer de su vida un acto continuo de amor. Para ello, debería evitar todo pensamiento o palabra inútil, pues eso sería “un robo de amor”. Y ella, cuando no podía concentrarse en repetir este acto de amor por hablar con otra persona o por estar dormida, le pedía a su ángel custodio que lo rezara en su lugar. Y Jesús le dijo el 7 de octubre de 1935: “Un acto de amor repara mil blasfemias y decide la eterna salvación de un alma. Por eso, ten remordimiento de perder un solo “Jesús, María, os amo, salvad almas”.

 Algo muy importante también es la coronilla del Señor de la misericordia. Según escribe Santa Faustina Kowalska en su Diario, Jesús le dijo: “Hija mía, si se reza esta coronilla al lado de un agonizante, Yo me interpondré entre el Padre y el alma agonizante como Salvador misericordioso… Un día, al entrar a la capilla, el Señor me dijo: Hija mía, ayúdame a salvar a un pecador agonizante. Reza por él esta coronilla que te enseñé. Cuando empecé a rezarla, vi al moribundo en terribles luchas y suplicios. El ángel de la guarda lo defendía, pero estaba como sin fuerza ante la inmensidad de la miseria de esta alma. Una gran cantidad de demonios esperaban. Pero, mientras recitaba la coronilla, vi a Jesús tal cual está pintado en el cuadro. Los rayos, que salían de su Corazón, invadieron al enfermo y las fuerzas de las tinieblas huyeron despavoridas. El enfermo tranquilamente exhaló su último suspiro. Al volver en mí, comprendí cuán importante es la recitación de esta coronilla cerca de los moribundos” (V 140).

 También es muy bueno repetir con frecuencia la oración del arcángel San Miguel. Esta oración la compuso el Papa León XIII después de haber tenido una visión sobre los males que vendrían a la humanidad y a la Iglesia, si no se defendían del poder del maligno. Esta visión histórica del Papa León XIII está documentada en “Ephemerides Liturgicae” de 1955. Este Papa mandó que se rezara en todas las misas. Dice así: “San Miguel arcángel, defiéndeme del enemigo y ampárame de todas las asechanzas del maligno. Que Dios te reprima, espíritu maligno, y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja con el divino poder a Satanás a lo más profundo del infierno y también a los otros espíritus inmundos, que vagan por el mundo, buscando la perdición de las almas”.

 Pero no olvidemos que la oración más eficaz y sublime es la santa misa. Otras oraciones para casos especiales pueden ser: Lee el resto de esta entrada