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SAN BENITO de Palermo

3 de abril.

(+ 1589)

El glorioso san Benito de Pa­lermo, que se llama comúnmen­te el Santo Negro, porque era de este color a semejanza de los etíopes, nació en la aldea llama­da San Filadelfo del obispado de Messana, de padres moros de li­naje, pero que profesaban la ley cristiana. Mozo era todavía cuan­do para seguir el llamamiento del Señor vendió su hacienda, repartió el precio de ella a los pobres y se retiró a una soledad, juntándose con unos varones pia­dosos que por concesión apostó­lica vivían allí debajo de la re­gla de san Francisco de Asís. Perseveró en esta vida santa y penitente por espacio de cuarenta años, hasta que el Papa Pío IV, ordenó que aquellos solitarios que habían profesado el instituto de san Francisco se agregasen a una de las órdenes religiosas aprobadas por decretos pontificios. Entonces se retiró san Benito a Palermo, en el convento de Menores Observantes de santa María de Jesús, y allí resplandeció a los ojos de sus religiosos hermanos como un acabado ejemplar de todas las virtudes. Ejercitá­base con singular gozo en los oficios más bajos y humildes: ayunaba constantemen­te las siete cuaresmas anuales prescritas por el patriarca san Francisco; su cama era la tierra desnuda, su sueño breve, su hábito el más raído y desechado, extre­mado su amor a la pobreza, angelical su castidad y recato, su oración continua, porque en todas las cosas no buscaba sino a Dios, no deseaba sino a Dios, y en cuya presencia estaba, y a quien hablaba con dulces lágrimas y amorosos suspiros del alma. Hiciéronle prelado del mismo convento de santa María de Jesús, y aunque era lego y hombre sin letras, gobernó con tanta prudencia, caridad y gracia del Señor aquella comunidad, que llevó adelante con gran conformidad de todos la reforma y estrictísima observancia de su Regla. A todos sus religiosos animaba el santo con sus heroicas virtudes, y con la suavidad de su gobierno, de manera que aquel con­vento no parecía sino una morada de san­tos que hacían en ella vida de ángeles. Finalmente, habiendo profetizado el día y hora en que el Señor quería llevarle para sí, recibió con grande fervor los sacra­mentos de la Iglesia y entregó su purísima alma al Creador, a la edad de sesenta y tres años. Su sagrado cuerpo se conserva entero, y despidiendo suave olor, en la ciudad de Palermo, donde empezó a ser solemnemente venerado. Su culto se ex­tendió después no sólo por toda Sicilia, si­no también por España, Portugal, Brasil, Méjico y Perú, hasta que en 1807 el Papa Pío VII le puso en el catálogo de los san­tos.

 Reflexión: ¡Un santo negro! ¡Un alma hermosísima en un cuerpo feo!, ¡un cora­zón precioso, morada del Señor de los án­geles en un hombre de raza mora y pare­cido a los etíopes! ¡Ah!, ¡y qué poco repa­ra nuestro Señor en estas cosas de que se avergüenzan y deshonran los hombres! ¿Qué importa que el cuerpo corruptible y mortal sea feo o hermoso, con tal que el alma conserve la imagen y semejanza de Dios? Esta es la belleza inmarcesible que debemos desear y procurar, porque así como el alma muerta por el pecado es as­querosa como un cadáver podrido, horri­ble como un demonio, y tan horrorosa, que si se apareciese como es, mataría de es­panto a los que la viesen; así el alma san­tificada por la gracia divina es más bella que el sol, hermosísima como un ángel y tan semejante al ser Divino, que, si la viésemos con nuestros ojos, la tomaríamos por retrato del mismo Dios.

 Oración: Oye Señor, las súplicas que te hacemos en la solemnidad del bienaven­turado Benito, tu confesor, para que los que no confiamos en nuestras virtudes, seamos ayudados por los ruegos de aquel santo que fué de tu agrado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 FLOS SANCTORVM

SAN HUGO, obispo de Grenoble

1º de abril. (+ 1132)

Fué el glorioso san Hugo de nación francés, y nació de nobles y virtuosos padres, en Castel-Nuevo, en la de la ciudad de Va­lencia. Su padre Odilón, caba­llero y militar, acabó santamen­te su vida en la Cartuja siendo de edad de cien años y recibió los sacramentos de manos de su hijo obispo. El mismo consuelo al­canzó su virtuosa madre. No te­nía san Hugo sino veinte y siete años, cuando el legado del Papa le apremió para que aceptase el obispado de Grenoble, y se fuese con él a Roma para ser consagra­do del sumo Pontífice Gregorio VII. Estaba a la sazón en Roma la condesa Matilde, señora no menos piadosa que po­derosa, la cual le presentó grandes dones y todo lo necesario a la consagración. Muy lleno de espinas y malezas halló san Hugo el campo de aquella iglesia de Grenoble; los clérigos llevaban vida relajada, los le­gos estaban enredados en logros y usuras, los hombres sin fidelidad, las mujeres sin vergüenza, los bienes de la Iglesia enaje­nados, y todas las cosas en suma confusión por lo cual a los dos años, pareciendo al santo que hacía poco fruto, tomó el hábi­to de monje de la orden de san Benito y pasó un año de noviciado en el monasterio llamado Domus Dei, Casa de Dios; pero sabiéndolo el Papa, le mandó volver a su obispado, y él obedeció con presteza y resignación. Pasados tres años, vino al san­to obispo, guiado de Dios, san Bruno con otros seis compañeros, para comenzar en su diócesis la sagrada religión de la Car­tuja; y les acogió, animó y acompañó has­ta un lugar fragoso y áspero, que se lla­maba la Cartuja, donde dieron principio a su santo instituto, y san Hugo muchas veces se iba también a aquel lugar sa­grado y se estaba con ellos y les servía en las cosas más viles y bajas de la casa. Por sus muchos ayunos, oraciones y estu­dios, nuestro Señor le probó con un dolor de cabeza y de estómago muy grande, que le duró cuarenta años. Hacíase leer la Sagrada Escritura a la mesa y prorrumpía en lágrimas con tanta abundancia que le era necesario dejar la comida, o que se dejase la lección. No perdonó su anillo ni un cáliz de oro que tenía, para remediar la necesidad de los pobres. Siendo ya vie­jo, fué en persona a Roma y suplicó a Ho­norio II que le descargase del obispado; después hizo la misma instancia a Ino­cencio II, mas el Papa con razón le negó lo que pedía, porque cuando el santo en­tró en su iglesia, la halló muy estragada y perdida, y cuando murió, la dejó muy reformada y acrecentada en todo. Final­mente, a los ochenta años de su edad, el Señor le llevó para sí y le dió el premio de la retribución eterna.

 Reflexión: Fué tan extremado el recato de este santo varón, que con haber sido obispo más de cincuenta años, y tratado muchos negocios con muchas señoras prin­cipales que por razón de su oficio acudían a él, afirmó que no conocía de rostro a ninguna mujer de su obispado, sino a una vieja y fea que servía en su casa. Preguntaron una vez al santo por qué no había reprendido a una mujer que había venido a hablarle con galas profanas. Y él res­pondió: «Porque no vi si estaba así com­puesta». Y a este propósito decía el santo que no sabía cómo podía dejar de tener malos pensamientos, el que no sabía re­frenar los ojos; pues, como dice Jeremías: muchas veces entra por ellos la muerte en el alma. Guarda, pues, esas puertas de tus sentidos; que más fácil es estorbar a los enemigos la entrada en el alma, que vencerles cuando ya está dentro.

 Oración: Suplicámoste, Señor, que oi­gas benignamente los ruegos que te hace­mos en la festividad del bienaventurado Hugo, tu confesor y Pontífice, y que nos perdones nuestros pecados por los merecimientos de aquél que tan dignamente te sirvió. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 FLOS SANCTORVM

VIERNES SANTO

“Jesús Nazareno, Rey de los judíos”. Jn. 19, 19

 Para hablar de la Pasión, mediante la cual fuimos rescatados todos, tomaré como tema las palabras del título que Pilatos hizo escribir sobre la Cruz: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”.

 Jesús quiere decir Salvador, así que ha muerto porque es salvador y para salvar hacía falta morir.

 Rey de los judíos, o sea que es Salvador y Rey al mismo tiempo. Judío significa “confesar”; por tanto es Rey pero de solo aquellos que le confiesen, y ha muerto para rescatar a los confesores; si, realmente ha muerto y con muerte de cruz.

 Ahí tenemos pues, las causas de la muerte de Jesucristo: la primera, que era Salvador, santo y Rey; la segunda, que deseaba rescatar a aquellos que le confiesen.

 Pero, ¿no podía Dios dar al mundo otro remedio sino la muerte de su Hijo? Ciertamente podía hacerlo; ¿es que su omnipotencia no podía perdonar a la naturaleza humana con un poder absoluto y por pura misericordia, sin hacer intervenir a la justicia y sin que interviniese criatura alguna?

 Sin duda que podía. Y nadie se atrevería a hablar ni censurarle. Nadie, porque es el Maestro y Dueño soberano y puede hacer todo lo que le place.

 Ciertamente pudo rescatarnos por otros medios, pero no quiso, porque lo que era suficiente para nuestra salvación no era suficiente para satisfacer su Amor.

 Y que consecuencia podríamos sacar sino que, ya que ha muerto por nuestro Amor, deberíamos morir también por ÉI, y si no podemos morir de amor, al menos que no vivamos sino sólo para ÉI.

San Francisco de Sales.

28 DE MARZO

SAN ESTEBAN HARDING, Abad y cofundador del Císter. Nació en Meriot (Inglaterra) el año 1060, y de joven profesó la vida monástica en Sherbone. Abandonó su monasterio y se marchó a París a estudiar. Se arrepintió del mal paso dado, y acudió a Roma para pedir perdón. De regreso, se detuvo en el monasterio de Molesmes, cuyo abad era san Roberto. Éste, Alberico y Esteban fundaron el año 1098 el nuevo monasterio de Cîteaux (Borgoña), origen de los cistercienses. Su principio inspirador era la voluntad de restablecer la fiel obediencia a la Regla de San Benito en su integridad. Cuando en 1109 murió Alberico, Estaban le sucedió como abad, y fue él quien recibió a san Bernardo y quien lo envió, en 1115, a fundar la abadía de Claraval. Organizó la centralidad del gobierno monacal con la «Carta de la Caridad», para que no hubiera discordias entre los monjes y todos vivieran bajo el mismo dictado de la caridad, observando la misma Regla y según costumbres semejantes. En vida de Esteban fueron doce las fundaciones cistercienses. Murió en Cîteaux (Francia) el año 1134.

SAN JOSÉ SEBASTIÁN PELCZAR. Nació en 1842 en Korczyna (Polonia), cerca de Krosno. Desde niño mostró aptitudes extraordinarias para el estudio. Ordenado de sacerdote en Przemysl, completó sus estudios en Roma. Al regresar a su patria, fue profesor de teología en el seminario de su diócesis y en la Universidad Jaguellónica de Cracovia, de la que llegó a ser rector. Además, trabajó de forma incansable en la difusión de la cultura en su pueblo y en obras sociales. El 18 de abril de 1893 hizo la profesión de terciario franciscano ante la tumba de San Francisco en Asís. En 1894 fundó la congregación de Esclavas del Sagrado Corazón, con el fin de proclamar su Reino mediante el amor a las jóvenes, los enfermos y todos los necesitados. En 1899 fue nombrado obispo de Przemysl y, durante 25 años, actuó como un valiente y celoso pastor en obras apostólicas y sociales. Fue autor de numerosos escritos. Murió en Przemysl el 28 de marzo de 1924. Lo canonizó Juan Pablo II el año 2003.

BEATA JUANA MARÍA DE MAILLÉ. Nació de familia noble en el castillo de La Roche, cerca de Tours (Francia), el año 1331. Su primer preceptor fue el franciscano que era confesor de su familia. Muertos sus padres, el tutor la dio en matrimonio, el año 1347, al barón Roberto de Silly. Ambos esposos compartían ideales y propósitos de perfección cristiana. En la guerra con los ingleses, él cayó prisionero y ella lo liberó pagando un fuerte rescate. Con los bienes que les quedaban atendieron a enfermos y desamparados en la peste negra, y luego a leprosos. Tras la muerte de Roberto en guerra, sus parientes expulsaron del castillo a Juana, que se refugió en el hospicio de Tours, donde atendía a los enfermos y vivía como religiosa. Huyendo de la malevolencia de algunos, se retiró a una ermita y, en 1386, volvió a Tours, se estableció cerca del convento de los franciscanos, de los que tomó confesor, y llevó vida casi de reclusa hasta su muerte acaecida el 28 de marzo de 1414. Al parecer se hizo terciaria franciscana.

San Castor. Mártir de la antigüedad cristiana, siglo I (?), que fue inmolado por su fe cristiana en Tarso de Cilicia (en la actual Turquía).

San Cirilo. Era diácono de la Iglesia de Heliópolis en Fenicia (Líbano), y fue martirizado con feroz bestialidad bajo el emperador Juliano el Apóstata el año 362. Lee el resto de esta entrada

LA ORACIÓN PARA ESTAR EN PAZ

No mires con miedo los cambios y azares de esta vida.

Por el contrario, sal a su encuentro con la plena confianza de que, a medida que surgen, Dios a quien perteneces, te permitirá, en su amor, sacar provecho de ellos.

Dios te ha guiado hasta ahora en la vida. Aférrate a su mano y Él te llevará con seguridad a través de todas las dificultades.

Siempre que no puedas mantenerte en pie, te llevará amorosamente en sus brazos.

No te adelantes a lo que pueda suceder mañana. El mismo Eterno Señor que cuida de ti hoy se hará cargo de ti mañana, y todos los días de tu vida.

O bien te protegerá de sufrir o te dará la fuerza indefectible para soportar el sufrimiento.

Por lo tanto mantente en paz, y deja de lado todos los pensamientos inútiles, todos los temores vanos y todas las imaginaciones que te producen ansiedad.

 San Francisco de Sales

 

27 DE MARZO

SAN RUPERTO. Era obispo de Worms (Alemania), pero tuvo que salir de allí porque se le pusieron en contra los arrianos y los paganos. Entonces el duque de Baviera, Teodo II, lo invitó a predicar en su territorio que entonces comprendía también una parte de Austria. Comenzó su apostolado en Ratisbona y lo siguió a lo largo del río Danubio. Reconstruyó una antigua ciudad romana arruinada que le dio el duque, llamada Juvavum, a la que puso el nombre de Salzburgo y de la que fue el primer obispo. Erigió un monasterio masculino, bajo el título de San Pedro, el más antiguo de Austria, con catedral y escuela anejas, del que fue abad a la vez que era obispo, y otro femenino. Buscó colaboradores adecuados, que hizo ir desde su tierra de origen, para la tarea evangelizadora y así pudo fundar iglesias y monasterios. Como abad-obispo hizo una labor que le mereció el título de apóstol de Baviera y de Austria. Murió en Salzburgo el año 718.

BEATO PEREGRINO DE FALERONE. Nació en Falerone (Ascoli Piceno, Italia) hacia el año 1200, de familia noble y rica. Estudió en Bolonia con el beato Ricerio de Muccia, y los dos, después de escuchar la predicación de san Francisco en 1222, decidieron seguirlo y el Santo los recibió (Flor 27). Peregrino permaneció como hermano laico y, movido por su devoción y su deseo íntimo de conseguir el martirio, viajó a Tierra Santa, pero encontró, en cambio, el afecto y admiración de los musulmanes. De regreso en Italia, volvió a una vida oculta, ocupándose en tareas sencillas y humildes. Pasó sus últimos años en el convento de San Severino Marche (Macerata), donde murió en 1233, el 27 de marzo o el 5 de septiembre.

BEATO FRANCISCO FAÀ DE BRUNO. Su vida es una muestra de cómo puede fructificar la gracia de Dios en la persona que se deja en sus manos. Nació en Alessandria, en el Piamonte italiano, el año 1825, hijo de los marqueses de Bruno. Su madre murió en 1834 y de su educación se encargaron los Padres Somascos. Su padre era militar y él escogió esta carrera. Participó en algunas batallas, en las que fue herido. Fue preceptor de Humberto y Amadeo, futuros reyes de Italia y España respectivamente. En París hizo amistad con Federico Ozanam. Tras negarse a batirse en duelo, pidió la excedencia en el ejército. Cursó estudios en centros especializados, hizo publicaciones técnicas unas, populares otras, inició obras industriales y sociales de largo alcance, fundó una congregación religiosa: las Mínimas de Nuestra Señora del Sufragio y Santa Zita. En 1876 recibió la ordenación sacerdotal. Continuó dirigiendo sus múltiples obras y creciendo en santidad. Murió en Turín el 27 de marzo de 1888. Fue amigo y colaborador de Don Bosco, científico y profesor universitario, arquitecto y matemático, físico, topógrafo, inventor, político, promotor de la prensa católica, fundador de multitud de instituciones benéfico-sociales, etc. Lee el resto de esta entrada

26 DE MARZO

SAN LIUDGERO (O LUDGERO). Nació en Frisia (al norte de Holanda) de familia noble hacia el año 742. Estudió en la escuela abacial de Utrecht, dirigida entonces por el abad san Gregorio, y luego, siendo ya diácono, en la escuela de Alcuino, con el que estuvo en total unos cinco años; se ordenó de sacerdote en Colonia el año 777. Evangelizó amplias regiones de Holanda, Dinamarca y Sajonia con gran provecho por sus cualidades personales, por la responsabilidad que le imponía el saberse portador del Evangelio y por su intensa vida interior. Peregrinó a Roma y estuvo algún tiempo en Montecasino, donde estudió la Regla de San Benito. Tras la conversión del jefe de los sajones, Carlomagno lo invitó a evangelizar Westfalia. Fundó el monasterio en torno al cual surgió la actual ciudad de Münster, de la que fue elegido primer obispo el 804. Fundó también otros monasterios, centros de propagación de la fe, entre ellos el de Werden (Sajonia, Alemania), en el que murió el año 809.

BEATA MAGDALENA CATALINA MORANO. Nació en Chieri (Piamonte, Italia) en 1847 de familia modesta. A los ocho años quedó huérfana de padre y se puso a trabajar en casa como tejedora. Con la ayuda de un pariente sacerdote, estudió magisterio y sacó el título de maestra. Durante doce años ejerció su carrera dando un magnífico ejemplo de piedad y responsabilidad. En 1878, cuando pudo dejar atendida a su madre viuda, ingresó en las Hijas de María Auxiliadora y recibió el hábito de manos de la fundadora, santa María Mazzarello. Destinada a Sicilia en 1881, desarrolló por toda la región una intensa actividad educativa con las niñas y las jóvenes de los ambientes populares. Abrió escuelas, oratorios, laboratorios, asilos. Cuando le confiaron el cargo de provincial, cuidó mucho la formación de las numerosas aspirantes. Su enorme actividad estaba impregnada de espíritu salesiano y sostenida por una intensa vida interior. Murió en Catania el año 1908.

Santos Baroncio y Desiderio. Baroncio era un caballero de Berry que se hizo monje en el monasterio de Lonrey. Para vivir entregado de lleno a la contemplación, optó por llevar vida eremítica, y para ello emigró a Italia y se estableció en Montalbano, cerca de Pistoya (Toscana). Otro monje, de nombre Desiderio, se le unió y compartió con él su vida y su dedicación. Murieron en el siglo VII.

San Bercario. Fue el primer abad del monasterio de Hautvillers. Luego pasó a serlo del monasterio de Moutier-en-Der en la región de Campaña (Francia). Un monje, al que reprendía con frecuencia por su mala conducta, lo apuñaló el Jueves Santo del año 685, y murió el día de Pascua, después de perdonar a su agresor. Se le suele considerar como mártir. Lee el resto de esta entrada

25 DE MARZO

SANTA LUCÍA FILIPPINI: Nació en Tarquinia (Lazio) el año 1672 y pronto quedó huérfana. Se educó primero en las benedictinas y luego, durante cuatro años, en las clarisas de Montefiascone. A los 16 años se encontró con el Card. Marco Antonio Barbarigo, obispo de Montefiascone, que sería en adelante su director espiritual. Comenzó educando a la juventud femenina en una escuela fundada por el cardenal, y en 1704 fundó, con la beata Rosa Venerini, el Instituto de Maestras Pías Filipinas en el monasterio de Santa Clara de Montefiascone, en el que se había educado; las clarisas se adhirieron a la nueva fundación, que más tarde se independizó por completo. La tarea de las Maestras era la enseñanza cristiana de jóvenes y mujeres, especialmente las pobres. Aparte su dedicación a la enseñanza, Lucía daba conferencias a mujeres e incluso les predicaba retiros y ejercicios espirituales de ocho días. No todos la comprendieron en aquel tiempo, y tuvo que afrontar acusaciones infundadas. Murió en Montefiascone (Lazio, Italia) el año 1732.

BEATA MARÍA ROSA FLESCH: fundadora de las Franciscanas de Santa María de los Ángeles (de Waldbreitbach). Nació en Shönstatt (Alemania) el año 1826 de familia modesta. Pronto murió su madre y su padre contrajo segundas nupcias. En su infancia y juventud tuvo que sufrir mucho y asumir responsabilidades superiores a su edad. Cuando sus hermanos se hicieron mayores, se entregó de lleno a los pobres, ancianos y huérfanos. Se trasladó a una ermita anexa a la capilla de la Santa Cruz, cerca de Waldbreitbach y pronto se le unieron compañeras con las que dio inicio a su Instituto, que fue aprobado por el obispo de Tréveris. En 1861 empezó la construcción de una casa para huérfanos y un hospital para enfermos. El Señor la puso a prueba: el capítulo de 1878 eligió a otra superiora general, que la persiguió sin motivo y la trasladó a la casa más lejana, Niederwenigern. Ella lo aceptó con humildad, perdonó a quienes le causaban tantas penas y allí murió el 25 de marzo de 1906. Fue beatificada el 4 de mayo de 2008.

San Dimas, el Buen Ladrón: Dimas o Dismas es el nombre que la tradición ha dado al Buen Ladón, a quien Jesús en la cruz prometió el paraíso. Los evangelios nos dicen que con Jesús crucificaron a dos malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. A uno de ellos, que lo insultaba, el otro, el Buen Ladrón, le reprochó su proceder, y dijo a Jesús: «Acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Jesús le respondió: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso».

San Dula: Sufrió el martirio en Nicomedia (en la actual Turquía) en una fecha incierta de la antigüedad cristiana.

San Hermelando: Dejó la corte del rey para abrazar la vida monástica en el monasterio de Fontenelle (Francia). Después fundó un monasterio en la isla de Aindre, cerca de Nantes, del que fue primer abad y en el que murió hacia el año 720.

San Isaac: Patriarca del Antiguo Testamento. El Martirologio Romano del año 2001 no lo incluye; con anterioridad lo mencionaba el 25 de marzo. Es un personaje importante en la historia sagrada, figura de Jesucristo, a quien el Padre ofrece en sacrificio. Fue hijo de Abrahán y de Sara, y a su vez padre de Esaú y de Jacob. Era el hijo heredero de las divinas promesas. El capítulo 22 del Génesis relata el «sacrificio de Isaac». Lee el resto de esta entrada

24 DE MARZO

BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ. Nació en Cádiz (España) el 30 de marzo de 1743. De joven entró en la Orden Capuchina y, terminados los estudios, recibió la ordenación sacerdotal en 1766. El decenio siguiente lo dedicó a la predicación por toda Andalucía, y luego extendió su campo de apostolado a toda España y Portugal. Fue un predicador asombroso, incansable misionero popular, que reunía a multitudes de toda clase y condición para escucharle. Sus dotes oratorias iban acompañadas de singulares gracias del cielo, y su lenguaje era llano y directo. Combatió los peligros que traía consigo la “Ilustración”, lo que le ocasionó enemistades y persecución. Fue hombre de oración y penitente, muy devoto de la Virgen, la “Divina Pastora”. Se le consideraba apóstol de la misericordia. Escribió numerosas obras. Murió en Ronda (Málaga) el 24 de marzo de 1801.- Oración: Oh Dios, que has concedido al beato Diego José la sabiduría de los santos, y le has encomendado la salvación de su pueblo; concédenos, por su intercesión, discernir lo que es bueno y justo, y anunciar a todos los hombres la riqueza insondable que es Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

BEATA MARÍA KARLOWSKA. Nació en Karlowo (Polonia) el año 1865 de una familia acomodada, muy religiosa y devota del Corazón de Jesús, lo que influyó en su espiritualidad. Muertos sus padres en 1882, hizo voto de castidad para vivir consagrada al Señor. Diez años después, el encuentro ocasional con una prostituta la decidió a trabajar en la recuperación de las que compartían su suerte, para lo que no dudó en ponerse en contacto con tales muchachas y mujeres, especialmente en los hospitales. Encontró muchas dificultades de todo género para llevar adelante sus propósitos. Trabajó en diversas ciudades de Polonia. Comenzó abriendo un centro de acogida. Luego buscó una congregación religiosa que se hiciera cargo del mismo y, al no encontrarla, fundó en 1895 la Congregación del Buen Pastor de la Divina Providencia, en la que ella misma profesó. Su principal actividad es ayudar a recuperar la dignidad de hijas de Dios a las jóvenes y mujeres pobres caídas en la corrupción de costumbres, y cuidar a las enfermas. Murió el 24 demarzo de 1935 en Pniewite, cerca de Gdansk (Polonia).

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SAN VICTORIANO Y SUS COMPAÑEROS MÁRTIRES. 23 DE MARZO (+ 484)

Era el gloriosísimo Victoriano el caballero más rico y principal que se hallaba en Adrumeto, ciu­dad de África, y de tantos méri­tos, que por ellos fué electo pro­cónsul de la insigne y celebrada ciudad de Cartago. Por este tiem­po se levantó la cruel persecu­ción de Hunnerico, rey de los vándalos, contra los católicos, porque no querían seguir la in­fame secta del descomulgado Arrio. Quiso el monarca hereje sobornar el ánimo constante de Victoriano; mas él le respondió con gran confianza en el Señor de esta manera: «Estando seguro en mi Dios y Señor mío Jesu­cristo, digo que aunque me abra­ses en el fuego y me eches a las bestias, yo no seré jamás infiel a la Iglesia católica, apostólica, romana: y certifico que aunque no esperase la vida eterna, nun­ca me preciara tanto del bien que el rey me puede hacer como de la fe que debo a mi Dios.» Esta respuesta dió al tirano Hunnerico; el cual quedó por ella tan enojado y colérico, que sin respetar la dignidad y nobleza del confesor de Cris­to, le mandó atormentar con cuantos gé­neros de suplicios pudo inventar su ma­licia y furor. Los mismos verdugos, ad­mirados de que pudiese sufrir tantos azo­tes, tanto fuego y rigor tanto, dijeron al rey que se importaba acabar de quitarle la vida, antes que a vista de su constan­cia prevaricasen todos los arríanos y si­guiesen la fe de Victoriano. Furioso en­tonces, mandó añadir más tormentos, has­ta que en medio de ellos, constante siem­pre en la fe de Jesucristo, vino el es­forzado y valeroso caballero a alcanzar la gloriosa corona del martirio, perdien­do la vida temporal para alcanzar la eterna. Padecieron martirio junto con él, dos gloriosos y santos mercaderes, lla­mados ambos Frumencios, y ciudadanos ambos también de Cartago, y también dos santos hermanos naturales de Aqua­regia, a los cuales colgaron en el aire, con un peso muy grande a sus pies, y les quemaron con planchas de hierro ar­diendo, y les atormentaron tan largo es­pacio y con tan horribles torturas, que al fin los mismos verdugos les dejaron, diciendo: «Si muchos imitan la constan­cia de estos, no habrá quien abrace nues­tra secta.» En los sagrados cadáveres de estos dos santos no se hallaron señales algunas de las heridas recibidas.
  
Reflexión: Por la constancia pintaron los antiguos una roca en medio del mar, la cual ni se mueve a los furiosos azotes de las olas, ni hace caso de sus halagüe­ños besos: y así decía la letra: «Siempre soy una.» Uno fué siempre el invictìsimo mártir de Jesucristo Victoriano; no torcieron su ánimo incontrastable ni las riquezas del mundo, ni sus engaños, ni los altos puestos, ni las ofertas lisonjeras del rey, ni menos sus crueles amenazas y ejecutados rigores: era roca a lo divino puesta en medio del mar de este mundo. Procuremos, pues, imitarle nosotros en esa constancia y firmeza, no maravillán­donos de que la vida cristiana sea (como se escribe en Job) una perpetua milicia o tentación sobre la tierra, y entendiendo que la profesión del cristiano es profe­sión de hombre de guerra, que ha de pe­lear con gran fortaleza hasta la muerte las batallas del Señor. Ya llegará el día del descanso perpetuo, de la gloria in­mortal, y del gozo sempiterno, y enton­ces no podremos contenernos de dar vo­ces de alegría y alabanza, proclamando la magnífica bondad de Dios, que por unos pocos años empleados en su servi­cio, nos hizo participantes, de su infinita y eterna bienaventuranza.
  
Oración: Oh Dios, que nos concedes la dicha de honrar el nacimiento para el cielo de tus santos mártires Victoriano y sus compañeros, otórganos también la gracia de gozar en su compañía de la eter­na felicidad. Por Jesucristo, nuestro Se­ñor. Amén.