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SAN PATRICIO

Apóstol de Irlanda

 17 de marzo. (+ 493)

El maravilloso apóstol y obis­po primado de Irlanda, san Pa­tricio, nació en Escocia en el territorio de Aclud, que se llama hoy Dumbritón. A los dieciséis años de su edad le prendieron unos salteadores irlandeses jun­tamente con una hermana suya llamada Lupita, y le vendieron en Irlanda a un amo que le ha­cía apacentar su ganado de cer­da. Mas el ángel del Señor le sacó de aquella esclavitud, manifes­tándole donde hallaría la canti­dad de oro que bastase para su rescate. Estuvo después debajo de la enseñanza de San Germán dieciocho años, y por su consejo fué a recibir la bendición del Papa Celestino I, para consagrarse del todo a la conversión de los gentiles en Irlanda. Era aquella gente dura y bárbara, y hacían gran resistencia al santo predicador mu­chos magos y hechiceros, entre los cuales había uno, llamado Docha, muy querido del rey, el cual se hacía dios, y con varios engaños resistía a san Patricio como Simón Mago a san Pedro. Quiso para confirma­ción de su divinidad subirse a los cielos; mas estando ya muy alto, hizo oración san Patricio, y luego cayó muy mal herido a los pies del santo. Había en aquella tierra un ídolo muy célebre al cual llamaban cabeza de todos los dioses: era muy gran­de y estaba cubierto de oro y plata: viendo pues el siervo de Dios que la adoración de este ídolo detenía a muchos que no se rin­diesen a su predicación, hizo oración al Se­ñor, y levantando contra él el báculo lla­mado de Jesús, que traía en la mano, al momento cayó en tierra el ídolo y se hizo pedazos. De esta suerte convirtió a aque­llas gentes a fuerza de prodigios innume­rables y estupendos, y gozando después algunos años de quietud y mayor contem­plación, cada día rezaba el Salterio; hincá­base muchas veces de rodillas adorando al Creador de todo, y rezaba con tierna de­voción las Horas canónicas. Gastaba gran parte de la noche en devotos ejercicios, y tomaba un breve descanso sobre el duro suelo, teniendo por cabecera una piedra. Con esta santa y admirable vida se pre­paró a una santísima muerte, que alcan­zó a los ochenta años de su edad después de haber reducido todo el país de Irlanda a la fe de Cristo, y edificar numerosas iglesias, y consagrado muchos obispos, y ordenado gran numeró de sacerdotes. En la provincia de Ultonia se ve hasta el día de hoy una pequeña isla hacia la mitad de un lago que forma el Líffer, donde estaba el célebre purgatorio de san Patricio. Es una cueva, donde se dice que el Santo pasó toda una cuaresma en grande penitencia, para alcanzar del Señor la conversión de aquellos isleños; y dónde se retiraban des­pués muchos santos varones para purifi­car sus almas dedicándose algunos días a ejercicios de penitencia y oración en unas pequeñas celdas que allí edificaron: las cuales se llamaban las celdas de los San­tos.

 Reflexión: Es cosa de maravilla, que estando este grande apóstol de Irlanda tan fatigado con tantos trabajos de peregrina­ciones, y cuidados de tantas iglesias, ha­llase tiempo y sazón para rezar tantos sal­mos y oraciones mayormente en los pos­treros años de su vida. Tomen de ahí ejemplo los hombres engolfados en los ne­gocios de este mundo, y aprendan a bus­car y hallar tiempo para encomendarse a Dios, y mirar por el principal negocio, que es el de su alma, y de su eternidad. Por­que, como nos dice el Señor en su Evan­gelio: « ¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si viene después a perder su alma?»

 Oración: Oh Dios que te dignaste en­viar al bienaventurado Patricio tu confe­sor y pontífice, para que anunciase tu glo­ria a los gentiles, concédenos que con tu gracia y por su intercesión y merecimien­tos, cumplamos fielmente todo lo que tú nos mandas. Por Jesucristo, nuestro Se­ñor. Amén.

 FLOS SANCTORVM

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Película: SAN PATRICIO DE IRLANDA

DIA DE SAN PATRICIO : La Confesión de San Patricio

1 Yo, Patricio, pecador, un campesino muy sencillo, el menos importante de todos que tienen fe y, para muchos, lo más despreciable, soy hijo de Calpurnius, diácono, hijo del difunto sacerdote Potitus de la comarca de Bannven Taburniae. Él tuvo una pequeña casa cerca de donde estuve raptado. En aquel entonces tuve dieciséis años de edad. De hecho, no conocí al verdadero Dios y fui llevado al cautiverio en Irlanda con muchos miles de personas, tal como lo merecíamos, por habernos alejado de Dios. Ni guardamos sus mandos, ni obedecíamos a nuestros sacerdotes, quienes nos acordaban de nuestra salvación. Y el Señor nos dejó caer la ira de su ser y nos desparramó entre muchas naciones, aún hasta los extremos del mundo donde yo, en mi pequeñez, me encuentro ahora entre extranjeros.

2 Y allí el Señor me abrió la mente a ser consciente de mi falta de fe para que, aún así tarde, fuera posible para mí recordar mis transgresiones y volver de todo corazón al Señor mi Dios quien tomó en cuenta mi insignificancia y tuvo compasión de mi juventud e ignorancia. Y Él me vigilaba antes de que yo lo conociera y antes de que aprendiera comprensión o aún cómo distinguir entre lo bueno y lo malo. Él me protegía y me dio consuelo como un padre haría para con su hijo.

3 Por ese motivo, de hecho, no puedo callarme, ni sería correcto por los muchos favores y gracias que el Señor ha decidido otorgar en el país de mi cautiverio. Porque, después del castigo de Dios y de haberlo reconocido, nuestra manera de recompensarlo es de exaltarlo y confesar sus maravillas ante cada nación bajo el cielo.

4 Porque no hay otro Dios, ni hubo jamás antes ni nunca habrá en adelante, sino Dios el Padre, nunca engendrado, sin inicio, dentro de quien todo comenzó, de quien es todo, como se nos ha enseñado. Y su hijo Jesucristo, quien evidentemente siempre existía con el Padre, antes del inicio del tiempo en el espíritu con el Padre, engendrado de una manera indescriptible antes de todas las cosas, y todas las cosas visibles e invisibles fueron hechos por Él. Él se hizo hombre, conquistó la muerte y fue recibido en el cielo, (del) al Padre que le dio el poder sobre todos los nombres en el Cielo, en la Tierra y en el Infierno, para que cada lengua podría confesar que Jesucristo es el Señor y el Dios en que creemos. Y miramos hacia su advenimiento otra vez, pronto, juez de los vivos y de los muertos quien rendirá a cada quien de acuerdo con sus hechos. Y Él derramó su Espíritu Santo sobre nosotros en abundancia, el regalo y la promesa de la inmortalidad, que convierte los creyentes y los obedientes en hijos de Dios y herederos juntos con Cristo que es revelado y adoramos un Dios en la Trinidad de nombre santo.

5 Él mismo dijo por el profeta: “llame a mí en el día de angustia; te liberaré y tú me alabarás” (Salmos 50:15). Y, otra vez: “Es justo revelar y publicar al mundo las obras de Dios”.(Tobías 12:7)

6 Soy imperfecto en muchas cosas, sin embargo quiero que mis hermanas y hermanos y mi familia conozcan mi naturaleza para que logren percibir el deseo de mi alma.

7 No es que desconozco lo que dice mi Señor en el Salmo: “Destruye usted los que hablan mentiras” (Salmos 5:6). Y, otra vez, “Una boca mentirosa mata el alma” (Sabiduría 1:11). Y de igual manera el Señor dice en su Evangelio, “En el día de juicio los humanos rendirán cuenta por cada vana palabra que digan” (Mateo 12:36).

8 Así es que debo temer muchísimo, con terror y temblor, este juicio en el día en que nadie va a poder huir o esconderse, sino cada quien rendirá cuenta hasta de los pecados más pequeños frente al asiento de juicio del Cristo el Señor.

9 Y por ese motivo por mucho tiempo he pensado en escribir, pero hasta ahora he vacilado porque de verdad he tenido miedo exponerme a la crítica de las personas, porque no he estudiado como otros, quienes han asimilado de manera igual tanto el Derecho como los Escritos Sagrados y jamás han cambiado su idioma desde su niñez, sino siempre avanzaban sus estudios en ello hasta la perfección, mientras mi dialecto y lenguaje se han traducido a una lengua extranjera. Entonces es fácil probar por medio de una muestra de mi escritura mi capacidad en la retórica y el alcance de mi preparación y conocimiento, porque como se dice “Por el habla se reconocerá la sabiduría, el entendimiento y los conocimientos y el aprendizaje de la verdad” (Eclesiastés 4:24).

10 ¿Pero por qué ofrecer excusas acerca de la verdad, especialmente ahora cuando presumo alcanzar en mi vejez lo que no gané en mi juventud porque mis propios pecados me impidieron hacer mío lo que había leído? ¿Y quién me va a creer aún si lo repito?  Un joven, casi un niño sin barba, me llevaron al cautiverio antes de que yo supiera lo que debo de desear y lo que debo de evitar. Entonces, por ese motivo, hoy me da vergüenza y siento mucho temor a exponer mi ignorancia, porque, poco elocuente, con un vocabulario limitado, no puedo explicar en la manera que el espíritu anhela poder hacer y como el alma y la mente urgen.

11 Pero si a mí me hubiera sido dado como a los demás, pues por agradecimiento no me habría callado y si  acaso parece que me he puesto antes que otros, con mi ignorancia y lentitud para hablar, en verdad está escrito: “La lengua de los que balbuceen rápidamente aprenderán hablar claro” (Isaías 32:4). Cuanto más duro tenemos que esforzarnos nosotros de quienes se dice: “Ustedes mismos son una epístola de Cristo que salva hasta los extremos de la tierra… escrita en sus corazones no con tinta sino con el Espíritu del Dios vivo”. (2 Corintios 3:2) Y, por otro lado, el Espíritu fue testigo que hasta la vida del campo fue creada por el Altísimo.

12 Soy, desde luego, primero un campesino, un exiliado evidentemente sin preparación, uno que no es capaz de ver el futuro, sin embargo sé por seguro que, antes de ser humillado, fui como una piedra hundida en un lodo profundo y Él quien es poderoso vino y con su compasión me levantó y, de hecho, me levantó alto y me puso por encima del muro. Y de allí debo de gritar con agradecimiento al Señor por sus grandes favores en este mundo y para la eternidad que la mente humana no puede medir.

13 Entonces, que sean asustados ustedes grandes y pequeños que temen a Dios y ustedes hombres de Dios, oradores elocuentes, escuchen y reflexionen. ¿Quién fue que me llamó a mí, un baboso, de entre los que parecen ser sabios y preparados en el derecho, poderosos en la retórica y en todas las cosas? A mí, un ser verdaderamente miserable en este mundo, Él inspiró antes que a otros, para que yo pudiera – si quisiera – alguien quien, con temor y reverencia, fielmente y sin quejar, podría llegar a la gente entre quienes el amor de Cristo me llevó y me dio en mi vida, si estuviera digno, a servirlos de verdad humildemente.

14 De acuerdo, entonces, con la medida de la fe que uno tenga en la Trinidad, debo proceder, sin vacilar frente a los peligros, a difundir el nombre de Dios por todas partes con confianza y sin miedo para poder dejar, después de mi muerte, un legado para mis hermanas y hermanos quienes bauticé en el Señor por muchos miles.

15 Y no fui digno, ni fui tal para que el Señor otorgara tanta gracia a este humilde servidor, después de muchas tribulaciones y pruebas, después de ser cautivo, después de muchos años. El Señor me dio tanto favor entre esta gente, una cosa que en mi juventud ni lo esperaba ni lo imaginaba.

16 Pero después de llegar a Irlanda, me acostumbré a cuidar el hato cada día y me acostumbré a rezar muchas veces al día. Más y más el amor de Dios y mi temor de Él y mi fe aumentaba y mi espíritu se movió de tal manera que en un día me acostumbré a rezar hasta cien veces en el día y un número parecido en la noche. Además me acostumbré a quedar afuera en los bosques y en la montaña y me desperté antes del amanecer para rezar en la nieve, en el frío helado, en la lluvia y no me sentí ni perezoso ni enfermo porque, como ahora veo, el espíritu ardía en mí.

17 Y fue allí que una noche, dormido, escuché una voz que me decía: “Está bien que te pongas en ayuno, pronto partirás para tu país natal”. Y, después de un ratito, hubo una voz que profetizaba “Mira, tu barco está listo”. Y no estuvo cerca, sino, como ocurrió, a unas doscientos millas donde nunca había estado ni conocido a nadie. Y poco después di la vuelta y me huí del amo con quien había servido por seis años y vine por el poder de Dios quien dirigía mi camino ventajosamente y no tuve miedo de nada hasta alcanzar aquel barco.

18 Y el mismo día que llegué, el barco iba a salir de allí y les dije que tuve como recompensar el viaje con ellos. Y el capitán se molestó y me contestó arrecho y abruptamente “De ninguna manera intentes ir con nosotros”. Al escuchar eso me fui a la champa en que estuve alojado y en el camino me puse a rezar y antes de terminar la oración escuché uno de ellos gritar fuertemente, “Ven rápido porque los hombres te están llamando.” Y así no más regresé donde ellos y me empezaron a decirme, “Ven, pues, porque te permitimos en buena fe. Danos señales de amistad como querés.” Antes, ese mismo día, por temor a Dios había rehusado chupar las tetas de estos hombres más, sin embargo, esperaba que me aceptaran por la palabra de Jesucristo, porque fueron gente bárbara. Y por eso seguí con ellos y allí no más salimos al mar.

19 Y después de tres días alcanzamos la tierra y por veintiocho días pasamos por tierra inhabitada y se acabó la provisión y estuvieron con hambre. Y un día el capitán me dijo, “¿Por qué será, Cristiano? Vos decís que tu Dios es grande y todopoderoso, pues, ¿por qué no podes rezar por nosotros? Porque podríamos morir de hambre y, de veras, parece poco probable que jamás veremos a otro ser humano.” De hecho, les dije con confianza, “Qué se convierten por la fe con todo el corazón a mi Señor Dios, porque para Él nada es imposible, para que hoy les envía comida en el camino hasta que ustedes se llenen, porque Él abunda por todas partes.” Y con el apoyo de Dios, esto llegó a pasar y de repente un hato de cerdos aparecieron en el camino frente a nuestros ojos y mataron bastantes y allí quedaron por dos noches hasta que se llenaron con la carne y se sintieron repuestos, porque muchos de ellos se habían desmayado y de otra manera se habrían quedado en el camino. Y después de esto dieron el más profundo agradecimiento y tuve mucho prestigio en la opinión de ellos y desde aquel día ellos tenían bastante alimentación. Descubrieron miel natural y me ofrecieron una parte y uno me dijo, “Es una ofrenda a nuestros dioses”. Gracias a Dios, no tomé nada de ello.

20 Aquella misma noche mientras dormía, Satanás me atacó violentamente, como recordaré tanto tiempo que me quede en este cuerpo. Y se me cayó por encima como si fuera una enorme piedra y ni uno de mis miembros tuvo fuerza. ¿Y entonces de dónde se me ocurrió a mí, ignorante de espíritu, a llamar a “Elías”? Y mientras tanto vi el sol subir en el cielo y mientras seguía gritando “¡Elías! ¡Elías!” con todo mi poder, mira, ese brillante sol cayó sobre mi e inmediatamente me  sacudió y me soltó de todo el peso. Y creo que fui ayudado por Cristo mi Señor y que su espíritu en ese momento estaba gritando mi nombre, y espero que así sea en el día de mi aflicción, tal como se dice en el Evangelio, “En aquella hora” declara el Señor, “no eres tú quien habla sino el espíritu de tu Padre que habla dentro de ti”. (Mateo 10:20) Lee el resto de esta entrada

Muchos pueblos renacieron a Dios por mí

Del oficio de lectura, 17 de Marzo, San Patricio Santo
Muchos pueblos renacieron a Dios por mí
De la Confesión de San Patricio
(Caps. 14-16: PL 53, 808-809)

Sin cesar doy gracias a Dios que me mantuvo fiel el día de la prueba. Gracias a él puedo hoy ofrecer con toda confianza a Cristo, quien me liberó de todas mis tribulaciones, el sacrificio de mi propia alma como víctima viva, y puedo decir: ¿Quién soy yo, y cuál es la excelencia de mi vocación, Señor, que me has revestido de tanta gracia divina? Tú me has concedido exultar de gozo entre los gentiles y proclamar por todas partes tu nombre, lo mismo en la prosperidad que en la adversidad. Tú me has hecho comprender que cuanto me sucede, lo mismo bueno que malo, he de recibirlo con idéntica disposición, dando gracias a Dios que me otorgó esta fe inconmovible y que constantemente me escucha. Tú has concedido a este ignorante el poder realizar en estos tiempos esta obra tan piadosa y maravillosa, imitando a aquellos de los que el Señor predijo que anunciarían su Evangelio para que llegue a oídos de todos los pueblos. ¿De dónde me vino después este don tan grande y tan saludable: conocer y amar a Dios, perder a mi patria y a mis padres y llegar a esta gente de Irlanda, para predicarles el Evangelio, sufrir ultrajes de parte de los incrédulos, ser despreciado como extranjero, sufrir innumerables persecuciones hasta ser encarcelado y verme privado de mi condición de hombre libre, por el bien de los demás?

Dios me juzga digno de ello, estoy dispuesto a dar mi vida gustoso y sin vacilar por su nombre, gastándola hasta la muerte. Mucho es lo que debo a Dios, que me concedió gracia tan grande de que muchos pueblos renacieron a Dios por mí. Y después les dio crecimiento y perfección. Y también porque pude ordenar en todos aquellos lugares a los ministros para el servicio del pueblo recién convertido; pueblo que Dios había llamado desde los confines de la tierra, como lo había prometido por los profetas: A ti vendrán los paganos, de los extremos del orbe, diciendo: «Qué engañoso es el legado de nuestros padres, qué vaciedad sin provecho». Y también: Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.

Allí quiero esperar el cumplimiento de su promesa infalible, como afirma en el Evangelio: Vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob.

Oración

Oh Dios, que elegiste a tu obispo san Patricio para que anunciara tu gloria a los pueblos de Irlanda, concede, por su intercesión y sus méritos, a cuantos se glorían llamarse cristianos, la gracia de proclamar siempre tus maravillas delante de los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo. Lee el resto de esta entrada

San Patricio

Patrón de Irlanda
Fiesta: 17 de marzo

“Yo era como una piedra en una profunda mina; y aquel que es poderoso vino, y en su misericordia, me levantó y me puso sobre una pared.” San Patricio

Nacido en Gran Bretaña (Bennhaven Taberniae (pueblecito de Escocia que hoy no se encuentra en los mapas) hacia el 385, muy joven fue llevado cautivo a Irlanda, y obligado a guardar ovejas. Recobrada la libertad, abrazó el estado clerical y fue consagrado obispo Irlanda, desplegando extraordinarias dotes de evangelizador, y convirtiendo a la fe a numerosas gentes, entre las que organizó la Iglesia. Murió el año 461, en Down, llamado en su honor Downpatrik (Irlanda).

No se conoce con exactitud los datos cronológicos del Apóstol de Irlanda. Por lo que el santo dice de si mismo, se supone que era de origen romano-bretón. Su padre Calpurnio era diácono y oficial del ejercito romano; su madre era familia de San Martín de Tours; su abuelo había sido sacerdote ya que en aquellos tiempos no se había impuesto aún la ley del celibato sacerdotal en todo el occidente.

Se afirma que fue alrededor del año 403, a la edad de 16 años, que cayó prisionero de piratas junto con otros jóvenes para ser vendido como esclavo a un pagano del norte de Irlanda llamado Milcho. Lo sirvió cuidando ovejas. Trató de huir varias veces sin éxito.

La Divina Providencia aprovechó este tiempo de esclavitud, de rudo trabajo y sufrimiento, para espiritualizarlo, preparándolo para el futuro, ya que el mismo dijo que hasta entonces “aún no conocía al verdadero Dios”, queriendo decir que había vivido indiferente a los consejos y advertencias de la Iglesia.

Se cree que el lugar de su cautiverio fue en las costas de Mayo, al borde del bosque de Fochlad (o Foclut). De ser así, el monte de Crochan Aigli, que fue escenario del famoso ayuno de San Patricio, también fue el lugar donde vivió los tristes años de su juventud.

Lo mas importante es que para entonces, como él lo dice: “oraba de continuo durante las horas del día y fue así como el amor de Dios y el temor ante su grandeza, crecieron más dentro de mí, al tiempo que se afirmaba mi fe y mi espíritu se conmovía y se inquietaba, de suerte que me sentía impulsado a hacer hasta cien oraciones en el día y, por la noche otras tantas. Con este fin, permanecía solo en los bosques y en las montañas. Y si acaso me quedaba dormido, desde antes de que despuntara el alba me despertaba para orar, en tiempos de neviscas y de heladas, de niebla y de lluvias. Por entonces estaba contento, porque lejos de sentir en mi la tibieza que ahora suele embargarme, el espíritu hervía en mi interior”.

Después de seis años en tierra de Irlanda y de haber rezado mucho a Dios para que le iluminara sobre su futuro, una noche soñó que una voz le mandaba salir huyendo y llegar hasta el mar, donde un barco lo iba a recibir. Huyendo, caminó mas de 300 kilómetros para llegar a la costa. Encontró el barco, pero el capitán se negaba rotundamente a transportarlo. Sus reiteradas peticiones para que le dejasen viajar gratis fueron siempre rechazadas, hasta que al fin, después de mucho orar con fervor, el capitán accedió a llevarlo hasta Francia. La travesía fue aventurada y peligrosa. Después de tres días de tormenta en el mar, tocaron tierra en un lugar deshabitado de la costa, caminaron un mes sin encontrar a nadie y hasta las provisiones se agotaron. Patricio narra esa aventura diciendo: “llegó el día en que el capitán de la nave, angustiado por nuestra situación, me instaba a pedir el auxilio del cielo. ‘¿Cómo es que nos sucede esto, cristiano? Dijiste que tu Dios era grande y todopoderoso, ¿por qué entonces no le diriges una plegaria por nosotros, que estamos amenazados de morir por hambre? Tal vez no volvamos a ver a un ser humano…’ A aquellas súplicas yo respondí francamente: ‘Poned toda vuestra confianza y volved vuestros corazones al Señor mi Dios, para quien nada es imposible, a fin de que en este día os envíe vuestro alimento en abundancia y también para los siguientes del viaje, hasta que estéis satisfechos puesto que Él tiene de sobra en todas partes’. Fue entonces cuando vimos cruzar por el camino una piara de cerdos; mis compañeros los persiguieron y mataron a muchos. Ahí nos quedamos dos noches y, cuando todos estuvieron bien satisfechos y hasta los perros que aún sobrevivían, quedaron hartos, reanudamos la caminata. Después de aquella comilona todos mostraban su agradecimiento a Dios y yo me convertí en un ser muy honorable a sus ojos. Desde aquel día tuvimos alimento en abundancia.” Lee el resto de esta entrada

Bendición de San Patricio

Que la fortaleza de Dios los guíe, que el poder de Dios los preserve, que la sabiduría de Dios los instruya, que la mano de Dios los sostenga, que el camino de Dios los dirija, que el escudo de Dios los defienda, que las huestes de Dios los protejan, ahora y siempre.

Amén.

Oración a San Patricio

Dios Todopoderoso, que hiciste del obispo San Patricio un predicador incansable del misterio de la Santísima Trinidad, y por medio de signos y prodigios confirmaste la verdad de su predicación, te pedimos que, a ejemplo suyo, prediquemos con ardor el Evangelio de tu Hijo.

Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Amén.

Poderosa Oración de Protección y de Invocación al Señor

La Coraza de San Patricio 

Me levanto hoy
Por medio de poderosa fuerza, 
la invocación de la Trinidad,
Por medio de creer en sus Tres Personas,
Por medio de confesar la Unidad,
Del Creador de la Creación.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza del nacimiento de Cristo y su bautismo,
Por medio de la fuerza de Su crucifixión y su sepulcro,
Por medio de la fuerza de Su resurrección y asunción,
Por medio de la fuerza de Su descenso para juzgar el mal.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza del amor de Querubines,
En obediencia de Ángeles, En servicio de Arcángeles,
En la esperanza que la resurrección encuentra recompensa,
En oraciones de Patriarcas,En palabras de Profetas,
En prédicas de Apóstoles, En inocencia de Santas Vírgenes,
En obras de hombres de bien.

Me levanto hoy
Por medio del poder del cielo:
Luz del sol,
Esplendor del fuego,
Rapidez del rayo,
Ligereza del viento,
Profundidad de los mares,
Estabilidad de la tierra,
Firmeza de la roca.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza de Dios que me conduce:
Poder de Dios que me sostiene,
Sabiduría de Dios que me guía,
Mirada de Dios que me vigila,
Oído de Dios que me escucha,
Palabra de Dios que habla por mí,
Mano de Dios que me guarda,
Sendero de Dios tendido frente a mí,
Escudo de Dios que me protege,
Legiones de Dios para salvarme
De trampas del demonio,
De tentaciones de vicios,
De cualquiera que me desee mal,
Lejanos y cercanos,
Solos o en multitud.

Yo invoco éste día todos estos poderes entre mí y el malvado,
Contra despiadados poderes que se opongan a mi cuerpo y alma,
Contra conjuros de falsos profetas,
Contra las negras leyes de los paganos,
Contra las falsas leyes de los herejes,
Contra obras y fetiches de idolatría,
Contra encantamientos de brujas, forjas y hechiceros,
Contra cualquier conocimiento corruptor de cuerpo y alma.

Cristo escúdame hoy
Contra filtros y venenos, Contra quemaduras,
Contra sofocación, Contra heridas,
De tal forma que pueda recibir recompensa en abundancia.

Cristo conmigo, 
Cristo frente a mí, 
Cristo tras de mí,
Cristo en mí, Cristo a mi diestra,
Cristo a mi siniestra,
Cristo al descansar, 
Cristo al levantar,
Cristo en el corazón de cada hombre que piense en mí,
Cristo en la boca de todos los que hablen de mí,
Cristo en cada ojo que me mira, 
Cristo en cada oído que me escucha.

Me levanto hoy
Por medio de poderosa fuerza, la invocación de la Trinidad,
Por medio de creer en sus Tres Personas,
Por medio de confesar la Unidad,
Del Creador de la Creación.