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Oraciones de Domingo de Resurrección

ORACIÓN I

¡Oh Alto y Glorioso Dios!
Mi vida es como una vidriera
iluminada por tu GRACIA multicolor.

Tú me has RESUCITADO
con Cristo, el Señor,
¡Aleluya!
Mi vida está con Él
escondida en Tí,
¡Aleluya!
Has sellado tu Alianza
de Amor y Vida conmigo,
¡Aleluya!
Nada podrá separarme jamás
de tu Amor,
¡Aleluya!
Hazme testigo fiel
de la Resurrección del Señor Jesús,
¡Aleluya!

Padre, renueva en mí tu Alianza
con el fruto de tu ALEGRÍA.

 

 

ORACIÓN II

Te bendecimos, Señor, a ti que eres nuestra luz,
y te pedimos que este domingo que ahora empezamos
transcurra todo él consagrado a tu alabanza.

Tú que por la resurrección de tu Hijo quisiste iluminar el mundo,
haz que tu Iglesia difunda entre todos los hombres la alegría
pascual.

Tú que por el Espíritu de la verdad adoctrinaste a los discípulos de
tu Hijo,
envía este mismo Espíritu a tu Iglesia para que permanezca
siempre fiel a ti.

Tú que eres luz para todos los hombres, acuérdate de los que viven
aún en las tinieblas
y abre los ojos de su mente para que te reconozcan a ti, único
Dios verdadero.
Amen.

 

ORACIÓN III

Amaneció tu día, Señor,
y la esperanza
despunta otra vez
en cada corazón
como ansia apasionada
de vivir.

Tocan al vuelo las campanas,
todo es ya alegría,
un canto nuevo
se escucha en la armonía
de la Creación entera.

Si Tú vives, Señor,
si ya has vencido la muerte
que destruye nuestro ser;
ya podemos Señor,
vivir contigo
en un reino que no se acabará
ya tenemos el germen de la vida,
ya es nuestra hasta el fin
la eternidad.

 

ORACIÓN IV

Hoy es el sagrado día de pascua en que Jesús venciendo a la muerte
volvió a la vida para que nosotros tuviéramos VIDA en abundancia.

Como corresponde a una familia cristiana, imploremos la bendición divina.
sobre nuestra familia y nuestra casa
(digamos después de cada invocación)
“Bendícenos Señor porque somos tus hijos”

– Porque con la resurrección de Jesús venciste la muerte para siempre…
– Porque sellaste una alianza de amor con todo tu pueblo…
– Porque nos liberaste de la esclavitud del pecado…
– Porque nos diste la gracia de ser una familia cristiana…
– Porque prometiste a quienes te son fieles bendecir a los hijos de sus hijos…
– Porque nos das la oportunidad de renovar nuestras vidas en esta pascua…
– Porque nos permites ganar nuestro pan y nos colmas de tus bienes…
– Porque nos reanimas con tu ayuda en medio de las dificultades…
– Porque un día nos reunirás con los seres queridos en la mesa celestial…
¡JESUS resucitó!

Amén. Lee el resto de esta entrada

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES

Yo, N.N., quién con la tierna misericordia del Padre Eterno fui privilegiado al ser bautizado “en el nombre del Señor Jesús ” y así compartir en la dignidad de la herencia de su Divino Hijo, deseo ahora en la Presencia de este mismo Padre amante y por su Unico hijo engendrado, renovar en toda sinceridad las promesas que solemnemente hice en el momento de my santo Bautismo.

 Yo, por lo tanto, ahora renuncio nuevamente a satanás; renuncio todos sus trabajos; renuncio a todos sus atractivos.

 Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, quien nació a este mundo y quién sufrió y murió por mis pecados y resucito después. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunion de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

 Habiendo sido enterrado con Cristo hasta la muerte y habiendo sido levantado con el a una nueva vida, prometo no volver a vivir más para mí mismo o para ese mundo que es el enemigo de Dios, pero si viviré por él que murió por mí y luego resucitó.

Le serviré fielmente a Dios mi Padre celestial hasta la muerte, en la Santa Iglesia Católica.

 Enseñado por el mandato de nuestro Salvador y formado por la palabra de dios, ahora me atrevo a decir:

 Padre Nuestro, que estas en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; y perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación mas líbranos del mal.

 Amén.

Stabat mater… acompañemos a María en su soledad…

Las primeras palabras de dos himnos paralelos, uno de los cuales (Stabat Mater Dolorosa) está en uso litúrgico, mientras el otro (Stabat Mater Speciosa) no lo está. Ambos celebran las emociones de Nuestra Señora en la Cruz y en el Pesebre—Calvario y Belén—respectivamente y que pueden ser convenientemente diferenciados por la tercera palabra, (Dolorosa, Speciosa). La Speciosa contiene trece estrofas (dobles) de seis líneas; la Dolorosa, diez. En otros aspectos los dos himnos tienen un perfecto paralelismo de frases, como se puede ver por la primera estrofa:

 Stabat mater dolorosa

Stabat mater speciosa

Juxta crucem lacrimosa

Juxta Gaudiosa foenum

Dum filius pendebat

Dum jacebat filius

La cuestión sobre cuál es el original y cuál la imitación será discutido más abajo en la sección “La Speciosa”.

1. Stabat mater dolorosa

juxta Crucem lacrimosa,

dum pendebat Filius.

 

2. Cuyus animam gementem,

contristatam et dolentem,

pertransivit gladius.

 

3. O quam tristis et afflicta

fuit illa benedicta

Mater Unigeniti.

 

4. Quae moerebat et dolebat,

Pia Mater cum videbat

Nati poenas incliti.

 

5. Quis est homo qui non fleret,

Matrem Christi si videret

in tanto supplicio?

 

6. Quis non posset contristari,

Christi Matrem contemplari

dolentem cum Filio?

 

7. Pro peccatis suae gentis

vidit Jesum in tormentis

et flagellis subditum.

 

8. Vidit suum dulcem natum

moriendo desolatum,

dum emisit spiritum.

 

9. Eia Mater, fons amoris,

me sentire vim doloris

fac, ut tecum lugeam.

 

10. Fac ut ardeat cor meum

in amando Christum Deum,

ut sibi complaceam.

 

11. Sancta mater, istud agas,

crucifixi fige plagas

cordi meo valide.

 

12. Tui nati vulnerati,

tam dignati pro me pati,

poenas mecum divide.

 

13. Fac me tecum pie flere,

crucifixo condolere,

donec ego vixero.

 

14. Iuxta crucem tecum stare,

et me tibi sociare

in planctu desidero.

 

15. Virgo virginum praeclara,

mihi iam non sis amara:

fac me tecum plangere.

 

16. Fac ut portem Christi mortem,

passionis fac consortem,

et plagas recolere.

 

17. Fac me plagis vulnerari,

fac me cruce inebriari,

et cruore Filii.

 

18. Flammis ne urar succensus

per te Virgo, sim defensus

in die judicii

 

19. Christe, cum sit hinc exire,

da per matrem me venire

ad palmam victoriae.

 

20. Quando corpus morietur,

fac ut animae donetur

Paradisi gloria.

 

Amen.

1. Estaba la Madre dolorosa

junto a la Cruz, llorosa,

en que pendía su Hijo.

 

2. Su alma gimiente,

contristada y doliente

atravesó la espada.

 

3. ¡Oh cuán triste y afligida

estuvo aquella bendita

Madre del Unigénito!

 

4. Languidecía y se dolía

la piadosa Madre que veía

las penas de su excelso Hijo.

 

5. ¿Qué hombre no lloraría

si a la madre de Cristo viera

en tanto suplicio?

 

6. ¿Quién no se entristecería

a la Madre contemplando

con su doliente Hijo?

 

7. Por los pecados de su gente

vio a Jesús en los tormentos

y doblegado por los azotes.

 

8. Vio a su dulce Hijo

muriendo desolado

al entregar su espíritu.

 

9. Ea, Madre, fuente de amor,

hazme sentir tu dolor,

contigo quiero llorar.

 

10. Haz que mi corazón arda

en el amor de mi Dios

y en cumplir su voluntad.

 

11. Santa Madre, yo te ruego

que me traspases las llagas

del Crucificado en el corazón.

 

12. De tu Hijo malherido

que por mí tanto sufrió

reparte conmigo las penas.

 

13. Déjame llorar contigo

condolerme por tu Hijo

mientras yo esté vivo.

 

14. Junto a la Cruz contigo estar

y contigo asociarme

en el llanto es mi deseo.

 

15. Virgen de Vírgenes preclara

no te amargues ya conmigo,

déjame llorar contigo.

 

16. Haz que llore la muerte de Cristo,

hazme socio de su pasión,

haz que me quede con sus llagas.

 

17. Haz que me hieran sus llagas,

haz que con la Cruz me embriague,

y con la Sangre de tu Hijo.

 

18. Para que no me queme en las llamas,

defiéndeme tú, Virgen santa,

en el día del juicio.

 

19. Cuando, Cristo, haya de irme,

concédeme que tu Madre me guíe

a la palma de la victoria.

 

20. Y cuando mi cuerpo muera,

haz que a mi alma se conceda

del Paraíso la gloria.

 Amén.

La “Speciosa” Lee el resto de esta entrada

SANTO VÍA CRUCIS

El Vía Crucis o Camino de la Cruz, es una de las formas más expresivas, más sólidas y extendidas de la devoción del pueblo cristiano a la Pasión de Cristo.

 Desde los primeros siglos los peregrinos de Jerusalén veneraban los lugares santos, especialmente el Gólgota y el Sepulcro. Según las revelaciones de Dios a Santa Brígida, luego de la muerte de Cristo, el mayor consuelo de su Madre era recorrer los lugares de aquel sagrado camino regados con la sangre de su Hijo. La imposibilidad de ir a Jerusalén o el deseo de recordar con frecuencia en su propia tierra los momentos de la Pasión, hizo nacer en la cristiandad diversas formas de representar aquellos lugares para ser recorridos en una especie de peregrinación espiritual.

 Su ejercicio tiene indulgencia plenaria cuando se hace ante estaciones legítimamente erigidas. Aunque es costumbre laudable leer un texto y rezar determinadas oraciones, puede hacerse meditando mentalmente lo que propone cada estación.

 Dice San Bernardo: “No hay cosa tan eficaz para curar las llagas de nuestra conciencia y purgar y perfeccionar nuestra alma como la frecuente y continua meditación de las llagas de Cristo y de su Pasión y Muerte”.

 Le dijo Jesús Misericordioso a Santa Faustina Kowalska: “Son pocas las almas que contemplan Mi Pasión con verdadero sentimiento; a las almas que meditan devotamente Mi Pasión, les concedo el mayor número de gracias”.

 Estaciones del Vía Crucis

 1ª: Jesús condenado a muerte.

 2ª: Jesús con la cruz a cuestas.

 3ª: Jesús cae por primera vez.

 4ª: Jesús encuentra a su Madre.

 5ª: El Cireneo ayuda a llevar la cruz.

 6ª: La Verónica enjuga el rostro del Señor.

 7ª: Jesús cae por segunda vez.

 8ª: Jesús consuela a las santas mujeres.

 9ª: Jesús cae por tercera vez.

 10ª: Jesús es despojado de sus vestiduras.

 11ª: Jesús es crucificado.

 12ª: Jesús muere en la cruz.

 13ª: Jesús en los brazos de su Madre.

 14ª: Jesús es sepultado.

Modo de rezar el Vía Crucis

 Recorrer física o mentalmente las estaciones meditando un momento en cada una de ellas. Si queremos mientras meditamos en cada estación, podemos rezar alguna oración, por ejemplo un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 EL HERMANO ESTANISLAO (1903 – 1927)

 A la edad de 18 años, un joven español ingresó al noviciado de los “HERMANOS DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS”, en Bugedo. En la vida religiosa, este joven tomó los votos de religión que son: el cumplimiento de los reglamentos; avanzar en la perfección cristiana; y alcanzar el amor puro. El mes de octubre de 1926, este hermano se ofreció a Jesús por medio de María Santísima. Poco después de haber hecho esta donación heroica de sí mismo, el joven religioso se enfermó y fue obligado a descansar. Murió santamente el mes de marzo, 1927. Según el maestro de novicios, este religioso era un alma escogida de Dios; y que recibía mensajes del Cielo. Los confesores del joven, así como los teólogos, reconocieron estos hechos sobrenaturales como actos insignes. El joven se llamaba Hermano Estanislao. El director espiritual del Hermano Estanislao le había ordenado escribir todas las promesas transmitidas por NUESTRO SEÑOR. Esto sería para el bien espiritual de los que fueran devotos al VÍA CRUCIS. Las promesas son las siguientes:

 PROMESAS para los devotos del Vía Crucis

 1. Yo concederé todo cuanto se Me pidiere con fe, durante el Vía Crucis.

 2. Yo prometo la vida eterna a los que, de vez en cuando, se aplican a rezar el Vía Crucis.

 3. Durante la vida, Yo les acompañaré en todo lugar y tendrán Mi ayuda especial en la hora de la muerte.

 4. Aunque tuvieran más pecados que las hojas de la hierba que crece en los campos, y más que los granos de arena en el mar, todos serán borrados por medio de esta devoción al Vía Crucis. (Nota: Esta devoción no elimina la obligación de confesar los pecados mortales. Se debe confesar antes de recibir la Santa Comunión.)

 5. Los que acostumbran rezar el Vía Crucis frecuentemente, gozarán de una gloria extraordinaria en el Cielo.

 6. Después de la muerte, si estos devotos llegasen al Purgatorio, Yo los libraré de ese lugar de expiación, el primer martes o viernes después de morir. 

7. Yo bendeciré a estas almas cada vez que rezan el Vía Crucis; y mi bendición les acompañará en todas partes de la tierra. Después de la muerte, gozarán de esta bendición en el Cielo, por toda la eternidad.

 8. A la hora de la muerte, no permitiré que sean sujetos a la tentación del demonio. Al espíritu maligno le despojaré de todo poder sobre estas almas. Así podrán reposar tranquilamente en Mis Brazos.

 9. Si lo rezan con verdadero amor, serán altamente premiados. Es decir, convertiré a cada una de estas almas en Copón viviente, donde Me complaceré en derramar Mi Gracia.

 10. Fijaré la mirada de Mis Ojos sobre aquellas almas que rezan el Vía Crucis con frecuencia y Mis Manos estarán siempre abiertas para protegerlas.

 11. Así como Yo fui clavado en la Cruz, igualmente estaré siempre muy unido a los que Me honran, con el rezo frecuente del Vía Crucis.

 12. Los devotos del Vía Crucis nunca se separarán de Mí porque Yo les daré la gracia de jamás cometer un pecado mortal.

 13. En la hora de la muerte, Yo les consolaré con Mi presencia, e iremos juntos al Cielo. La muerte será dulce para todos los que Me han honrado durante la vida con el rezo del Vía Crucis.

 14. Para estos devotos del Vía Crucis, Mi Alma será un escudo de protección que siempre les prestará el auxilio cuando recurran a Mí.

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LA ORACIÓN PARA ESTAR EN PAZ

No mires con miedo los cambios y azares de esta vida.

Por el contrario, sal a su encuentro con la plena confianza de que, a medida que surgen, Dios a quien perteneces, te permitirá, en su amor, sacar provecho de ellos.

Dios te ha guiado hasta ahora en la vida. Aférrate a su mano y Él te llevará con seguridad a través de todas las dificultades.

Siempre que no puedas mantenerte en pie, te llevará amorosamente en sus brazos.

No te adelantes a lo que pueda suceder mañana. El mismo Eterno Señor que cuida de ti hoy se hará cargo de ti mañana, y todos los días de tu vida.

O bien te protegerá de sufrir o te dará la fuerza indefectible para soportar el sufrimiento.

Por lo tanto mantente en paz, y deja de lado todos los pensamientos inútiles, todos los temores vanos y todas las imaginaciones que te producen ansiedad.

 San Francisco de Sales

 

ADORACIÓN DE LA CRUZ

¡Amoroso y Divino Jesús crucificado, que lleno de amor a los hombres te ofreciste ante el Eterno Padre por víctima expiatoria de los crímenes del mundo! Ya que me concediste la gracia de inspirarme que me ofrezca contigo en holocausto, como víctima que une sus dolores a los tuyos en desagravio de tantas culpas, yo, criatura indigna y miserable, postrada delante de tu Cruz y con la ayuda de tu gracia, confirmo y ratifico mi promesa de querer padecer con los mismos fines que Tú en ella padeciste… Recibe todo mi ser en holocausto y haz de mi lo que quieras. Sobre los brazos de tu Cruz abro los míos para perdonar y abrazar a todos mis enemigos, cuyo bien y salvación deseo y prometo solemnemente procurar cuanto sea de mi parte, así como el alivio de sus penas e infortunios.

Y en fe de mi promesa, adoro y beso esa Cruz sacrosanta, desde la cual exclamaste momentos antes de expirar: «Padre mío, perdónalos a todos, como yo los perdono.»

ORACIÓN A LA LLAGA DEL CORAZÓN DE JESÚS

ORACIÓN A LA LLAGA DEL CORAZÓN DE JESÚS

Oh dulcísimo Jesús mío, sea la llaga de vuestro Sacratísimo Corazón mi refugio, mi fuerza y protección contra vuestra justa ira, contra el pecado, y en especial contra el pecado mortal, contra los engaños de la carne, del mundo y del demonio y defensa contra mí amor propio, contra todos los males del cuerpo y del alma.

Sea vuestra llaga sacratísima la tumba donde sepultar mis innumerables pecados, los cuales detesto y aborrezco, echándolos en el abismo abierto de esta santísima llaga, abierta por el amor, para nunca jamás volverlos a ver.

Oh amabilísimo Jesús, por la llaga de vuestro Corazón, concededme una sola gota de esa sangre preciosísima que de él fluye, como prenda de eterno perdón de mis pecados.

En esta llaga profunda, escondedme y guardadme allí como prisionero de amor; allí purificadme, disolvedme, cambiadme en un amante de vuestro Corazón llagado.

Convertidme en otro Corazón de Jesús, para que así no piense, ni diga ni haga nada, sino lo que es de vuestro mayor agrado. Así sea.

 

 

ADORACIÓN A LAS CINCO LLAGAS

A la llaga del pie izquierdo

Adórote, llaga santísima del pie izquierdo de mi Señor Jesucristo; y por la sangre que por ella derramaste, te suplico, benignísimo señor mío, me concedas una fe viva y perdones los malos pasos y movimientos de mi vida disipada.

 Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

A la llaga del pie derecho

Adórote, llaga sacratísima del pie derecho de mi Señor Jesucristo, y por el dolor que en ella padeciste, te suplico, dulcísimo Redentor mío, traspases mi alma con el clavo de tu santo temor, concediéndome una firme esperanza y la gracia de andar siempre recto por el camino real de tu santa ley.

 Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

A la llaga de la mano izquierda

Adoro, amantísimo Jesús mío, la llaga de tu mano izquierda, y te doy gracias de haberla recibido por mi amor. Concédeme por la sangre que de ella derramaste, una caridad ardiente, y perdóname las ofensas que te hice con mis perversas acciones.

 Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

A la llaga de la mano derecha

Adoro, pacientísimo Jesús, la llaga santísima de tu mano derecha; y por los tormentos que en ella padeciste por mi amor, te suplico me perdones el mal uso que hice de mis potencias, y me otorgues la gracia de estar en el juicio final a tu mano derecha con los escogidos.

 Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

A la llaga del costado

Adórote llaga amorosísima del costado de Jesús. ¡Quién pudiese morar siempre en ese Divino Corazón en quien descansan los escogidos! Por la sangre y agua preciosa que salió de ese costado abierto con una lanza por mi amor, y por el agudo dolor que atravesó el Corazón de tu Santísima Madre, concédeme, Señor, la perseverancia final, y penetra mi corazón de los nobles afectos que animaban tu divino Corazón.

 Padre nuestro, Ave María y Gloria.

HORA SANTA PARA LA CUARESMA

EXPOSICIÓN DE RODILLAS

El sacerdote revestido expone el Santísimo Sacramento y lo inciensa, mientras se entona el Pange lingua u otro canto.

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN.

Nos encontramos en las vísperas de la gran semana de la fe cristiana en la que conmemoramos la pasión, muerte y resurrección del Señor. La cuaresma ha debido ser para nosotros un tiempo de encuentro con el Señor, de poner nuestra vida en su presencia y de dejarnos transformar por su gracia. En esta noche, delante de Jesús –presente en la Sagrada Hostia- queremos adorarle por su infinita misericordia que no se cansa de perdonarnos y darle gracias por estar siempre llamándonos hacia sí, por darnos la oportunidad de volvernos a él. El recuerdo de su pasión ha de llevarnos al reconocimiento de nuestros pecados y a la conversión. TODO LO HA SUFRIDO POR MÍ.

(breve silencio)

Jesús pobre y abatido, R/. Ten piedad de mí, Señor

Jesús no conocido y menospreciado,

Jesús aborrecido, calumniado y perseguido,

Jesús dejado de los hombres y del demonio tentado, ten piedad de mí, Señor

Jesús entregado y vendido por vil precio,

Jesús blasfemado, acusado y condenado injustamente,

Jesús vestido de un hábito de oprobios y afrentas,

Jesús abofeteado y burlado,

Jesús arrastrado con una soga al cuello,

Jesús tenido por loco y endemoniado,

Jesús azotado hasta derramar sangre,

Jesús pospuesto a Barrabás,

Jesús despojado de todas sus vestiduras con infamia,

 Jesús coronado de espinas y saludado por burla,

 Jesús cargado con la cruz de mis pecados,

Jesús triste hasta la muerte,

Jesús consumido de dolores, de injurias y de humillaciones,

Jesús afrentado, escupido, ultrajado y escarnecido,

Jesús pendiente de un madero infame entre dos ladrones,

Jesús aniquilado y sin honra para con los hombres.

 

Canto Penitencial

Oh, rostro ensangrentado, de Cristo, es Señor, Cabeza circundada de afrenta y de dolor. Contritos contemplamos tu pena y tu aflicción. Acoge nuestro llanto, oh Cristo Salvador. Tú pagas por las culpas del hombre pecador. Clavado en el madero, nos das la salvación. Tu sangre nos redime, tu amor nos da el perdón. Acoge nuestro llanto, oh Cristo Salvador. Extiende por el mundo tu reino de bondad. Las puertas del abismo no prevalecerán. Seamos los creyentes testigos de tu amor. Acoge nuestro llanto, oh Cristo Salvado.

 TIEMPO DE MEDITACIÓN SENTADOS

Lectura del Evangelio según san Lucas 7, 36-50

Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.

Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.»

Él le dijo: «Has juzgado bien.» Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»

Palabra de Dios.

 

PUNTOS PARA LA MEDITACIÓN (Cfr. Comentario de San Gregorio Magno) Lee el resto de esta entrada

Bendición de San Patricio

Que la fortaleza de Dios los guíe, que el poder de Dios los preserve, que la sabiduría de Dios los instruya, que la mano de Dios los sostenga, que el camino de Dios los dirija, que el escudo de Dios los defienda, que las huestes de Dios los protejan, ahora y siempre.

Amén.