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Segundo día del Triduo Pascual: Sábado Santo

1.«Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, su descenso a los infiernos y esperando en la oración y el ayuno su resurrección» .

 2. La Cruz debe seguir entronizada desde ayer, iluminada, y con un laurel de victoria.

 3. Se recomienda en este día la celebración del Oficio de Lectura y de los Laudes. Al final de dicha oración se puede hacer la recepción de los óleos que se han consagrados en la Misa Crismal.

 4. Cuando no sea posible la celebración del Oficio de Lectura y de los Laudes, hay que preparar una celebración de la Palabra o un ejercicio de piedad que corresponda al misterio de este día, como pueden ser: la veneración a la imagen del Señor Crucificado, o a la Imagen del Señor en el sepulcro, así como a la imagen de la Santísima Virgen de los Dolores.

 5. En este día sería oportuno que se organizara, alguna oración de tono mariano, acompañando a María, la Madre que vela junto a la tumba de su Hijo. Si en el Adviento y la Navidad, mirábamos a Santa María tan frecuentemente como modelo de espera y acogida del Mesías, es lógico que la que estuvo al pie de la Cruz, y luego en la alegría de la Pascua y en la espera del Espíritu Santo en Pentecostés, sea recordada en días como éste del Sábado Santo. Así podemos hacer memoria de María con el rezo del “Stabat Mater” y del Santo Rosario (los misterios dolorosos). Pero caben otras oraciones, lecturas y cantos sobre su presencia junto al sepulcro de su Hijo, sobre su fe y esperanza invictas.

 6. Hoy la Iglesia se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa. La sagrada comunión puede darse sólo como viático. No se concede celebrar el matrimonio, ni administrar otros sacramentos, a excepción del Sacramento de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos.

 7. En la mañana del Sábado Santo, se pueden realizar algunos de los ritos preparatorios de los bautizos que se habrán de tener en la Vigilia Pascual o en la mañana de Pascua en una celebración sencilla que introduzca más conscientemente en el misterio que se va a celebrar. Se pueden adelantar en esta celebración, por ejemplo, algunos aspectos del bautismo, como la entrega del Símbolo o Credo, el rito del “effetá”, la elección del nombre cristiano y la unción con el óleo de los catecúmenos, como sugiere el Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos, N. 26.

 8. Es bueno en este día instruir a la comunidad sobre la naturaleza del Sábado Santo. Es un día de meditación y silencio: el Señor Jesús está en el sepulcro, ha bajado al lugar de los muertos, a lo más profundo a donde puede bajar una persona. Y junto a Él, está la Iglesia, nutriendo su fe y esperanza en la victoria pascual, del corazón creyente de la Santísima Virgen.

 9. Este día es ideal para desarrollar una catequesis sobre el artículo de fe que rezamos en el Credo: “descendió a los infiernos”. Para ello se recomienda desarrollar los números 631-637 del Catecismo de la Iglesia Católica. Lee el resto de esta entrada

Viernes Santo. Explicación y significado de la ceremonia litúrgica

El Viernes Santo, hablando en lenguaje litúrgico, amanece, sombrío y melancólico, como barruntando algo siniestro que en él va a suceder. Jesús ha pasado la noche entre la chusma, siendo el escarnio de la soldadesca, acosada, se diría, por el mismísimo Satanás. Azotado y escupido, desollado y coronado de espinas y cargado con el pesado madero, el divino Nazareno atraviesa las calles de Jerusalén. Va al Calvario a extender sus brazos y a abrir sus labios para abrazar y besar con un solo ademán a toda la humanidad. La naturaleza lo ve, y se horroriza; y anochece el día lo mismo que había amanecido, sombrío y melancólico. Por lo mismo la liturgia de esta dolorosa jornada se celebra toda ella en la penumbra y con todo el aparato fúnebre: pocos cirios amarillos, ornamentos negros, cantos lúgubres, matracas, “improperios” o quejas de amargura…; eso por la mañana, y por la tarde; las “tinieblas”, que equivalen a las exequias del Redentor.

“La Misa de hoy ni tiene principio ni fin; porque el que es principio y fin padeció hoy tan amarga Pasión. Ninguna hostia se consagra; porque el Hijo de Dios estaba hoy en el ara de la Cruz consagrado. Caemos en tierra de rodillas, adosando y besando la Cruz, porque se te acuerde que tu Redentor se inclinó cuando la Cruz estaba tendida en el suelo, abriendo aquellos sagrados y delicados brazos y manos, para que se las enclavasen, y enclavado, fué en la Cruz elevado en el aire…”

 Solemne Función Litúrgica: Lecturas, Canto de la Pasión según San Juan, Oraciones Universales.

 El altar está del todo desnudo y las velas apagadas. Los ministros sagrados, al llegar al presbiterio y vestidos con ornamentos negros, se postran completamente en tierra, en cuya posición humilde permanecen unos minutos, durante los cuales los acólitos cubren con un solo mantel la mesa del altar.

No hay palabras, cánticos ni gestos que puedan expresar más intensamente el abatimiento que embarga hoy a la Iglesia a la vista de Jesús Crucificado. Este silencio aterrador y esta larga postración, adorando y condoliendo al Divino Redentor, es el primero, y quizás el más elocuente, de los ritos de hoy.

Puestos de pie los ministros, cántase, sin título ni anuncio de ninguna clase y en tono de profecía, un pasaje del pro feta Oseas (c. VI) proclamando la próxima resurrección y triunfo del Crucificado, al que sigue un tracto y una colecta, haciendo resaltar, en esta última, el contraste entre el castigo de Judas y el premio del buen Ladrón. Una segunda lectura, tomada del Éxodo (c. XII) relata las circunstancias con que los israelitas sacrificaban y comían el Cordero pascual. Por fin, se canta la historia de la Pasión, según San Juan, en la misma forma que los días anteriores.

Concluída la Pasión, cántase una serie de oraciones por la Iglesia, por el Papa, por todos los ministros de la jerarquía eclesiástica, por las vírgenes, por las viudas, y por los catecúmenos; por la desaparición de los errores, pestes, guerras y hambres; por los enfermos, por los encarcelados, por los viajeros, por los marineros; por la conversión de los herejes; por los “pérfidos” judíos, “para que Dios levante el velo que cubre su corazón y así también ellos conozcan a Jesucristo”, y por los paganos.

De nadie se olvida la Iglesia en este día de perdón universal. A cada oración precede un anuncio solemne de la misma y, para mover más a Dios, una genuflexión general de toda la asamblea. En la oración por los judíos se omite la genuflexión para no recordar -dice algún Ordo romano- la que por bufa hicieron ellos delante de Jesús vestido de púrpura y coronado de espinas; ni tampoco se usa del canto sino sólo de un recitado a media voz, quizá para evitar el que los primitivos cristianos, justamente indignados contra aquel pueblo deicida, se enterasen de este rasgo de condescendencia de la Iglesia.

El texto de estas oraciones y el modo de hacerlas son antiquísimos, y recuerda el tenor de las usadas en las primeras reuniones religiosas y hasta en las sinagogas judías. Es la oración litúrgica que antiguamente seguía a la invitación Oremus que precede inmediatamente al ofertorio de la Misa.

 Adoración de la Santa Cruz y Comunión de los fieles.

 A las ocho de la mañana, refiere la peregrina Etheria, se celebraba en Jerusalén, en la capilla de la Santa Cruz, la adoración del Lignum Crucis, por el obispo, el clero y todos los fieles, ceremonia que duraba hasta el mediodía. Para satisfacer la piedad de todos los cristianos del mundo, esta devoción pasó de Jerusalén a algunas iglesias privilegiadas, y por fin, a todas las de la cristiandad.

Como el Crucifijo está tapado desde el sábado anterior al Domingo de Pasión, el celebrante empieza por descubrirlo, en esta forma: despójase de la casulla, en señal de humildad, y tomando el Crucifijo lo descubre en tres veces: la primera vez, la parte superior, cantando en voz baja la antífona “Ecce Lignum Crucis”, al mismo tiempo que la muestra al pueblo; la segunda, la cabeza, cantando en tono más elevado; y la tercera, todo lo restante del Crucifijo, cantando ya a plena voz, y desde el medio del altar. Parece ser que con este descubrir progresivo de la Cruz y la elevación; por tonos, de la voz, quiere significar la liturgia la triple etapa por qué pasó la predicación del misterio de la Cruz: la primera como al oído, tímidamente, y sólo entre los adeptos del Crucificado; la segunda, ya después de Pentecostés, pública y varonilmente, y a todos los judíos; y la tercera, a todo el mundo y con toda la fuerza de la palabra.

La adoración la hacen todos los fieles, empezando el celebrante y el clero; éstos, en señal de humildad, con los pies descalzos. Antes de acercarse a la Cruz, hacen todos, a convenientes distancias, tres genuflexiones de ambas rodillas; en la última, la adoran besándola. Entre tanto los cantores cantan con conmovedoras melodías el “Trisagio”, en griego y en latín; los “Improperios” o reproches amargos de Dios al ingrato pueblo judío y, en su persona, a los malos cristianos de todos los siglos; y el hermoso himno de Fortunato Pange Lingua, en honor de la Cruz.

En adelante la Cruz presidirá los oficios religiosos y, como un homenaje singular; aun el clero, al pasar delante de ella, la saludará con una genuflexión.

Al final de la adoración de la Cruz, se encienden las velas del altar, se extiende sobre él el corporal, y se organiza, lo mismo que ayer, una solemne procesión al monumento, para tomar la hostia allí reservada. Con esta hostia consagrada ayer, o “presantificada”, se celebra el rito que el Misal denomina Misa de presantificados y los antiguos llamaban “Misa seca”, porque en ella no hay consagración, sino solamente comunión del celebrante con la hostia previamente consagrada. El recuerdo del Sacrificio sangriento del Calvario embarga hoy de tal modo a la Iglesia, que renuncia a la inmolación incruenta de cada día.

El rito se desarrolla en esta forma: Sacada la hostia del cáliz y puesta sobre el corporal, el celebrante pone vino y agua en un cáliz, que no consagra; inciensa la oblata y el altar, como en las misas ordinarias; eleva la hostia; canta el Pater noster; recita en voz alta la oración Liberanos que le sigue; luego, en silencio, otra, como preparación a la comunión, y comulga únicamente bajo la especie de pan, tomando a continuación, a guisa de abluciones, el vino del cáliz. Los fieles no pueden comulgar hoy, a no ser en peligro de muerte, por viático.

A continuación se rezan las Vísperas en tono lúgubre, como ayer; y por la tarde los fieles se entregan a la meditación de la Pasión y Muerte del Señor y Soledad de María.

En Jerusalén -según la mencionada peregrina Etheria- y al terminarse la adoración de la Cruz, que era ya el medio día, comenzaba una serie de lecturas e himnos como para venerar el sagrado madero, durante los cuales a menudo se oían suspiros y sollozos de los fieles. A las tres se leía la historia de la Pasión según San Juan, y a continuación se rezaba Nona, y como anochecía pronto, no había ya Vigilias, si bien muchos fieles pasaban la noche entera delante de la Cruz.

 Luego vendrá la práctica del Santo Via Crucis por las calles en procesión y el Sermón de Soledad, meditando los dolores de María Santísima frente a la Cruz. Lee el resto de esta entrada

Primer día del Triduo Pascual: Viernes Santo

Celebración de la Pasión del Señor

Constituye propiamente el primer día del Triduo Pascual. Para una buena celebración de la Pasión del Señor se deben tener en cuenta los siguientes principios:

 1. El viernes Santo es día de penitencia obligatorio para toda la Iglesia y por tanto hay que guardar en este día la abstinencia y el ayuno, y según la oportunidad también el Sábado Santo hasta la Vigilia pascual. El ayuno de estos dos días es además de penitencial, celebrativo, ritual, y contemplativo del misterio de la Cruz. Si bien es personal es sobre todo comunitario: la comunidad ayuna en la espera de su Señor Resucitado. Es toda la persona la que celebra la Pascua, no sólo la mente y el espíritu sino también el cuerpo. No hay que olvidar que el ayuno tiene en la espiritualidad cristiana un gran valor: en una sociedad marcada por el consumismo y lo superfluo, es un medio para vivir la ascesis, el autocontrol, el señorío de sí mismo, y para ver en los bienes de este mundo su carácter perecedero y pasajero.

 2. La Iglesia, siguiendo una antiquísima tradición, en este día no celebra la Eucaristía y la Sagrada Comunión sólo se distribuye a los fieles durante la celebración de la Pasión del Señor. Sin embargo los enfermos que no puedan participar en dicha celebración pueden recibirla a cualquier hora del día.

 3. Esta prohibido celebrar en este día cualquier sacramento, a excepción de la Reconciliación y de la Unción de los Enfermos. Las Exequias, si las hubiese, han de celebrarse sin canto, ni instrumentos. Se recomienda que en este día se celebre en las iglesias el Oficio de Lectura y los Laudes con participación de la comunidad.

 4. No tenemos Eucaristía pero sí una celebración litúrgica de la Muerte del Señor, una celebración de la Palabra que concluye con la adoración de la Cruz y con la comunión eucarística. Es una celebración sencilla, sobria, centrada en la muerte del Señor Jesús. Su estructura está bien pensada, aparece equilibrada, con proporción entre la dimensión de escucha de la Palabra de Dios y la acción simbólica de la adoración de la Cruz y su veneración con el beso personal de todos. Lo importante es saber captar la dinámica de esta celebración y aprovechar espiritualmente toda su fuerza en la misma celebración:

 – Proclamamos el misterio de la Cruz, en las lecturas de la Palabra de Dios.

– Invocamos la salvación del mundo por la fuerza de esa Cruz.

– Adoramos la Cruz del Señor Jesús.

– Y finalmente participamos del misterio de esa Cruz, del Cuerpo entregado, comulgando de él.

 La Pasión de Cristo es pues, proclamada, invocada, venerada y comulgada.

 5. Sobre la hora de los Oficios de la Pasión: «La celebración de la Pasión del Señor ha de tener lugar después del mediodía, cerca de las tres. Por razones pastorales, puede elegirse otra hora más conveniente para que los fieles puedan reunirse más fácilmente…pero nunca después de las nueve de la noche».

 6. Sobre la estructura de la celebración es bueno tener presente:

 a. La Entrada

 – No hay canto de entrada. Sale el sacerdote con sus ministros, con vestidos de color rojo porque celebramos la muerte martirial de Cristo. El Misal dice que el sacerdote, después de hacer la reverencia al altar, se postra en el suelo o se arrodilla. Es preferible la opción de la postración: «esta postración, que es un rito propio de este día, se ha de conservar diligentemente por cuanto significa tanto la humillación del hombre terreno, cuanto la tristeza y el dolor de la Iglesia» . Los demás se arrodillan a la postración del sacerdote y oran todos en silencio por unos instantes. La oración con la que termina el rito de entrada, es mejor decirla desde el mismo lugar donde ha estado postrado el sacerdote y se puede elegir entre dos opciones que presenta el Misal. La primera apunta a que ya estamos celebrando la Pascua; la segunda compara los efectos de la Pasión del Señor Jesús con los del pecado del primer Adán.

 b. Liturgia de la Palabra

 – Las lecturas de este día han de ser leídas por entero. El salmo y el canto que precede al Evangelio, deben cantarse como de costumbre.

 – La lectura de la Pasión según San Juan, el único apóstol que estuvo al pie de la Cruz con Santa María y las santas mujeres, se canta o se proclama del mismo modo que se ha hecho en el domingo de Ramos. Esta lectura impresionante constituye el centro de la celebración de este día.

 – Después de la lectura de la Pasión se tendrá una breve homilía para resumir y aplicar a nuestra vida la gran lección de la Cruz y al final de la misma los fieles pueden ser invitados a permanecer en oración silenciosa durante un breve espacio de tiempo. Es bueno recordar que la proclamación de las lecturas de la Palabra viva de Dios, es ya presencia sacramental del acontecimiento de la Cruz y no un mero recuerdo. Es proclamación y comunicación de la Cruz, del amor del triunfo de Cristo contra el pecado y la muerte.

 c. La Oración Universal

 – La de este día es la más solemne y clásica. Es universal, rogando por las diversas categorías de personas. Con la confianza puesta en el Señor que muere en la Cruz, que es nuestro Mediador y nuestro Sumo y Eterno Sacerdote, pedimos al Padre la salvación para todo el mundo. Estas oraciones «expresan el valor universal de la Pasión de Cristo, clavado en la Cruz para la salvación de todo el mundo» . Actualmente esta Oración del Viernes Santo tiene cuatro intenciones por la Iglesia, otras cuatro por los creyentes o no creyentes, y dos por los gobernantes y los que sufren de alguna manera. Su estructura no admite modificaciones o inclusiones de propia iniciativa, salvo que el Ordinario del lugar por alguna causa justa y de necesidad pública disponga la inclusión de alguna petición.

 d. La Adoración de la Cruz

 – En la adoración de la Cruz, «úsese una Cruz suficiente, grande y bella. De las dos formas que se proponen en el Misal para mostrar la Cruz, elíjase la que se juzgue más apropiada. El rito ha de hacerse con esplendor digno de la gloria del misterio de nuestra salvación; tanto la invitación al mostrar la Cruz, como la respuesta del pueblo, háganse con canto, y no se omita el silencio de reverencia que sigue a cada una de las postraciones, mientras el sacerdote celebrante, permaneciendo de pie, muestra en alto la Cruz».

 – «Cada uno de los presentes del clero y del pueblo se acercará a la Cruz para adorarla, dado que la adoración personal de la Cruz es un elemento muy importante de esta celebración y únicamente en el caso de una extraordinaria presencia de fieles se utilizará el modo de la adoración hecha por todos la vez» .

 – Se debe usar una sola Cruz para la adoración tal como lo requiere la verdad del signo. Es muy recomendable que durante la adoración se canten las antífonas, los improperios y el himno que se encuentran en el Misal Romano, o bien otros cantos adecuados.

 – Hoy es un día en que sería lógico un recuerdo mariano en honor a Santa María, la Mujer fuerte de la fe, que estuvo al pie de la Cruz de su Hijo. Por ello sería loable añadir al final de la adoración de la Cruz, una pequeña conmemoración de la Virgen María, la Madre dolorosa, la cual puede hacerse con la siguiente monición:

 “Hermanos: hemos adorado solemnemente la Cruz, en la cual el Señor Jesús, muriendo nos reconcilió. También María estaba junto a la Cruz del Hijo, uniéndose a su sacrificio, cooperando con amor de Madre a nuestra salvación. En aquel momento la espada profetizada por Simeón le traspasó el corazón y aquélla fue la hora de la cual le había hablado Jesús en Cana. Junto a la Cruz, la Madre fuerte en el inmenso dolor que sufría con el Hijo Único, nos da a luz a la vida de la gracia y de la reconciliación. Nosotros que hemos celebrado la Pasión del Hijo, recordemos también el dolor fecundo de la Madre. Cantemos…”

 e. La Comunión del Viernes Santo Lee el resto de esta entrada

Jueves Santo. Explicación y significado de la ceremonia litúrgica.

Con su única Misa pero solemnísima, y con las visitas al monumento, envuélvenos en una como ola eucarística, que nos obliga a no pensar en nada más qué en la última Cena de Jesús y en la institución del Sacerdocio y del Sacramento del amor. Es un día medio de gozo, medio de tristeza: de gozo, por la rica herencia que nos deja Jesús al morir, en testamento; de tristeza, porque se oculta a nuestra vista el Sol de Justicia Jesucristo, y empieza a invadirlo todo el espíritu de las tinieblas.

Antiguamente, en la mañana de ese día, había tres grandes funciones litúrgicas, que se celebraban en tres misas diferentes: la Reconciliación de los penitentes, la Consagración de los óleos, y la conmemoración de la Institución de la Eucaristía. De la primera sólo ha quedado como vestigio la bendición “urbi et orbi” que da hoy el Papa desde la loggia del atrio de la Basílica Vaticana.

Santa Misa “in Coena Domini” de la Institución de la Eucaristía y del Sacerdocio católico.

Solamente hay una en cada iglesia, y sería el ideal que en ella comulgasen el clero y los fieles. Los ministros y la cruz del altar están revestidos de ornamentos blancos, en honor a la Eucaristía. Como en los días de júbilo, se empieza por tañer el órgano y cantar el Gloria, durante el cual se echan a vuelo las campanas de la torre y se tocan las campanillas del altar, enmudeciendo en señal de duelo todos esos instrumentos desde este momento hasta el Gloriade la misa del Sábado Santo. Prosigue la Misa en medio de cierto desconsuelo producido por el silencio del órgano. En ella se suprime el ósculo de paz, por temor de recordar el beso traidor con que Judas entregó tal día como hoy a su Maestro. El celebrante consagra dos hostias grandes, una para sí y otra para reservarla hasta mañana en el monumento.

En las catedrales celébrase con extraordinaria pompa la bendición y consagración de los santos óleos, efectuada por el obispo, acompañado por doce sacerdotes, siete diáconos y siete subdiáconos, revestidos con los correspondientes ornamentos.

Mandatum. Lavatorio de los pies de los doce apóstoles.

En las iglesias catedrales, en las grandes parroquias y en los monasterios, tiene lugar, después de mediodía, la ceremonia del lavatorio de los pies a doce o trece pobres. Está a cargo del prelado o superior. Es un acto solemne de humildad con que el pastor de los fieles imita al que en la tarde del Jueves Santo realizó Nuestro Señor con sus discípulos, antes de comenzar la Cena, una promulgación anual del gran mandato de la caridad fraterna formulado por Él al tiempo de partir de este mundo para el cielo.

El número doce de los pobres representa a los doce apóstoles, y el trece, según Benedicto XIV, al Ángel enviado de Dios que misteriosamente se agregó a la mesa del Papa San Gregorio Magno en la que, como de costumbre, comían cierto día los doce pobres por él invitados, y cuyos pies previamente lavaba.

Procesión al Monumento

 Terminada la Misa, se organiza una procesión para llevar al monumento la hostia consagrada que ha reservado el celebrante, la cual reposará allí hasta mañana, y recibirá entretanto las visitas de los cristianos que, aisladamente y en piadosas caravanas, acudirán al templo atraídos por el Amor de los Amores y por el beneficio espiritual de las indulgencias concedidas.

El monumento es simplemente un altar lateral de la iglesia, lo más ricé y artísticamente adornado que sea posible, con muchas flores y muchas velas y con un sagrario móvil colocado a cierta altura. Ningún emblema ni recuerdo de la Pasión debe de haber en él, y menos soldados y guardias romanos pintados en bastidores, como en algún tiempo lo estilaron ciertas iglesias.

Denudación de los altares

 A la procesión, que termina bruscamente con la reposición de la sagrada hostia en el sagrario, sigue el rezo llano y grave de las Vísperas, después de las cuales el celebrante y sus ministros despojan los altares de todo el ajuar, dejándolos completamente desnudos hasta el Sábado Santo, para anunciar que hasta ese día queda suspendido el Sacrificio de la Misa.

Al mismo tabernáculo se le desposee de todo y se le deja abierto, para dar todavía mayor impresión del abandono total en que va a encontrarse Jesús en medio de la soldadesca.

Históricamente, este despojo de los altares recuerda el uso antiguo de desnudarlos diariamente, a fin de que, no estando adornados más que para la Misa, resaltase más vivamente la importancia del augusto Sacrificio eucarístico.

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SAN FRANCISCO DE ASÍS Y EL ORNATO LITÚRGICO

CARTA A LOS CLÉRIGOS II 

Consideremos todos los clérigos el gran pecado e ignorancia que tienen algunos acerca del santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, y de sus sacratísimos nombres, y de sus palabras escritas que consagran el Cuerpo. Sabemos que no puede existir el cuerpo, si antes no es consagrado por la palabra. Nada, en efecto, tenemos ni vemos corporalmente en este siglo del Altísimo mismo, sino el cuerpo y la sangre, los nombres y las palabras, por las cuales hemos sido hechos y redimidos de la muerte a la vida (1 Jn 3,14).Por consiguiente, todos aquellos que administran tan santísimos ministerios, y sobre todo quienes los administran sin discernimiento, consideren en su interior cuán viles son los cálices, los corporales y los manteles donde se sacrifica el cuerpo y la sangre de nuestro Señor. Y hay muchos que lo abandonan en lugares viles, lo llevan miserablemente, y lo reciben indignamente, y lo administran a los demás sin discernimiento. Asimismo, sus nombres y sus palabras escritas son a veces hollados con los pies; porque el hombre animal no percibe las cosas que son de Dios (1 Cor 2,14). ¿No nos mueven a piedad todas estas cosas, siendo así que el mismo piadoso Señor se entrega en nuestras manos, y lo tocamos y tomamos diariamente por nuestra boca? ¿Acaso ignoramos que tenemos que caer en sus manos? Por consiguiente, enmendémonos de todas estas cosas y de otras pronta y firmemente; y dondequiera que estuviese indebidamente colocado y abandonado el santísimo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, que se retire de aquel lugar y que se ponga en un lugar precioso y que se cierre. Del mismo modo, dondequiera que se encuentren los nombres y las palabras escritas del Señor en lugares inmundos, que se recojan y se coloquen en un lugar decoroso. Y sabemos que estamos obligados por encima de todo a observar todas estas cosas según los preceptos del Señor y las constituciones de la santa madre Iglesia. Y el que no lo haga, sepa que tendrá que dar cuenta ante nuestro Señor Jesucristo en el día del juicio (cf. Mt 12,36). Quienes hagan copiar este escrito, para que sea mejor observado, sepan que son benditos del Señor Dios.
CARTA A LOS CUSTODIOS
A todos los custodios de los hermanos menores a quienes lleguen estas letras, el hermano Francisco, vuestro siervo y pequeñuelo en el Señor Dios, os desea salud con los nuevos signos del cielo y de la tierra, que son grandes y muy excelentes ante Dios, pero que son estimados en muy poco por muchos religiosos y por otros hombres.
Os ruego, más que si se tratara de mí mismo, que, cuando os parezca bien y veáis que conviene, supliquéis humildemente a los clérigos que veneren sobre todas las cosas el santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo y sus santos nombres y sus palabras escritas que consagran el cuerpo. Los cálices, los corporales, los ornamentos del altar y todo lo que concierne al sacrificio, deben tenerlos preciosos. Y si el santísimo cuerpo del Señor estuviera colocado en algún lugar paupérrimamente, que ellos lo pongan y lo cierren en un lugar precioso según el mandato de la Iglesia, que lo lleven con gran veneración y que lo administren a los otros con discernimiento. También los nombres y las palabras escritas del Señor, dondequiera que se encuentren en lugares inmundos, que se recojan y que se coloquen en un lugar decoroso. Y en toda predicación que hagáis, recordad al pueblo la penitencia y que nadie puede salvarse, sino quien recibe el santísimo cuerpo y sangre del Señor (cf. Jn 6,54). Y cuando es consagrado por el sacerdote sobre el altar y cuando es llevado a alguna parte, que todas las gentes, de rodillas, rindan alabanzas, gloria y honor al Señor Dios vivo y verdadero. Y que de tal modo anunciéis y prediquéis a todas las gentes su alabanza, que, a toda hora y cuando suenan las campanas, siempre se tributen por el pueblo entero alabanzas y gracias al Dios omnipotente por toda la tierra.
sepan que tienen la bendición del Señor Dios y la mía todos mis hermanos custodios a los que llegue este escrito y lo copien y lo tengan consigo, y lo hagan copiar para los hermanos que tienen el oficio de la predicación y la custodia de los hermanos, y prediquen hasta el fin todo lo que se contiene en este escrito. Y que esto sea para ellos como verdadera y santa obediencia. Amén.
[A todos los hermanos]
Y, porque el que es de Dios oye las palabras de Dios (cf. Jn 8,47), debemos, en consecuencia, nosotros, que más especialmente estamos dedicados a los divinos oficios, no sólo oír y hacer lo que dice Dios, sino también custodiar los vasos y los demás libros litúrgicos, que contienen sus santas palabras, para que nos penetre la celsitud de nuestro Creador y nuestra sumisión al mismo. Por eso, amonesto a todos mis hermanos y los animo en Cristo para que, en cualquier parte en que encuentren palabras divinas escritas, las veneren como puedan, y, por lo que a ellos respecta, si no están bien guardadas o se encuentran indecorosamente esparcidas en algún lugar, las recojan y las guarden, honrando al Señor en las palabras que habló (3 Re 2,4). Pues muchas cosas son santificadas por las palabras de Dios (cf. 1 Tim 4,5), y el sacramento del altar se realiza en virtud de las palabras de Cristo.
Además, yo confieso todos mis pecados al Señor Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo, a la bienaventurada María, perpetua virgen, y a todos los santos del cielo y de la tierra, a fray H., ministro de nuestra religión, como a venerable señor mío, y a los sacerdotes de nuestra Orden y a todos los otros hermanos míos benditos. En muchas cosas he pecado por mi grave culpa, especialmente porque no he guardado la Regla que prometí al Señor, ni he rezado el oficio como manda la Regla, o por negligencia, o con ocasión de mi enfermedad, o porque soy ignorante e iletrado. Por tanto, a causa de todas estas cosas, ruego como puedo a fray H., mi señor ministro general, que haga que la Regla sea observada inviolablemente por todos; y que los clérigos recen el oficio con devoción en la presencia de Dios, no atendiendo a la melodía de la voz, sino a la consonancia de la mente, de forma que la voz concuerde con la mente, y la mente concuerde con Dios, para que puedan aplacar a Dios por la pureza del corazón y no recrear los oídos del pueblo con la sensualidad de la voz. Pues yo prometo guardar firmemente estas cosas, así como Dios me dé la gracia para ello; y transmitiré estas cosas a los hermanos que están conmigo para que sean observadas en el oficio y en las demás constituciones regulares.
Y a cualesquiera de los hermanos que no quieran observar estas cosas, no los tengo por católicos ni por hermanos míos; tampoco quiero verlos ni hablarles, hasta que hagan penitencia. Esto lo digo también de todos los otros que andan vagando, pospuesta la disciplina de la Regla; porque nuestro Señor Jesucristo dio su vida para no perder la obediencia de su santísimo Padre (cf. Fil 2,8).
Yo, el hermano Francisco, hombre inútil e indigna criatura del Señor Dios, digo por el Señor Jesucristo a fray H., ministro de toda nuestra religión, y a todos los ministros generales que lo serán después de él, y a los demás custodios y guardianes de los hermanos, los que lo son y los que lo serán, que tengan consigo este escrito, lo pongan por obra y lo conserven diligentemente. Y les suplico que guarden solícitamente lo que está escrito en él y lo hagan observar más diligentemente, según el beneplácito del Dios omnipotente, ahora y siempre, mientras exista este mundo.
Benditos vosotros del Señor (Sal 113,13), los que hagáis estas cosas, y que el Señor esté eternamente con vosotros. Amén. Lee el resto de esta entrada

La liturgia de la Inauguración del Ministerio Petrino del Papa Francisco

El nombre oficial de la ceremonia es “Ceremonia de inauguración del ministerio petrino del obispo de Roma”. El Papa hará un recorrido en papamovil antes de la celebración, sobre las 8:50 horas. A continuación bajará a la tumba de San Pedro en compañía de los patriarcas de las Iglesias católicas de Oriente. En la plaza recibirá el palio, el mismo que usaba Benedicto XVI, y el Anillo del Pescador. El anillo elegido por el Papa -a propuesta de Monseñor Guido Marini- procede de Monseñor Macchi, antiguo secretario de Pablo VI, fallecido en 2006, y firmado por Enrico Manfrini, artista italiano fallecido en 2004. La misa será la de la solemnidad de San José. El Papa desea que la ceremonia no sea interminable, y ha pedido que el Evangelio sea cantado solamente en griego, el resto de la liturgia será en latín. Por la misma razón no habrá procesión de ofrendas y el Papa no dará la comunión. La homilía será en italiano. La música será confiada al coro de la capilla Sixtina y al Pontificio Instituto de Música Sacra, con la ejecución de un raro motete compuesto por Palestrina para la inauguración de un pontificado: Tu es Pastor Ovium.

Introducción a la celebración

 Veneración de San Pedro

El Santo Padre, mientras la schola canta la célebre aclamación Tu es Petrus (Mt. 16, 18-19), desciende hacia al Sepulcro del Apóstol San Pedro en la Cripta de la Basílica Vaticana. Lo acompañan los Patriarcas de las Iglesias orientales.

Allí se recoge unos momentos en oración, y luego inciensa  el sagrado Trofeo del primer Papa.

 

Procesión de entrada

Luego se organiza la procesión de entrada, en la cual van los diáconos que portan el Palio, el Anillo del Pescador y el Evangeliario.

 Mientras avanza la solemne procesión, al final de la cual va el Santo Padre, la schola canta las Laudes regiae, tradicional invocación litánica en la que se pide a los santos la intercesión por el nuevo Pontífice, por la Iglesia y por el mundo entero.

La respuesta de la asamblea a las Laudes regiae, se organiza de la siguiente manera:

Cuando se invoca a Jesucristo, María, Miguel, Juan Bautista y José (este último, en su día), el Pueblo canta: Tu illam adiuva (“Socórrela” o “ayúdala”, en el sentido de que “intercedan por ella”, pues se está pidiendo por la Iglesia, a la que se ha mencionado inmediatamente antes).

Cuando se invoca a los santos Apóstoles, con Pedro a la cabeza, y a los Pontífices Romanos canonizados, la respuesta es Tu illum adiuva (“Socórrelo” o “ayúdalo”, pues se está pidiendo por el Santo Padre, al que se ha mencionado en el canto más arriba).

Las demás invocaciones, dirigidas a los demás santos, tienen como respuesta Tu illos adiuva (“Socórrelos” o “ayúdalos”, pues en ellas se pide por los gobernantes y por todo el Pueblo de Dios).

Cada vez que la invocación vaya dirigida a dos santos, para respetar la concordancia, la respuesta es Vos illam/um/os adiuvate (“Socórranlos” o “Ayúdenlos”).

 Imposición del palio: (Pallii Petri impositio)

El cardenal Protodiácono, el mismo que anunció al mundo el nombre del nuevo Papa, se acerca con el Palio al Santo Padre, luego de pronunciar una oración litúrgica de carácter trinitario, en la que especifica que es Dios mismo Quien entrega el Palio al Vicario de su Hijo, cuyo rebaño, con la fuerza del Espíritu Santo, debe apacentar. El Maestro de Celebraciones Litúrgicas le ayuda a colocar el Palio al flamante Pontífice.

El Palio, confeccionado con lana blanca de ovejas, representa a la oveja perdida que el pastor ha de salir a buscar, “dejando a las otras noventa y nueve”. Posee cinco cruces (rojas, el del Papa; negras, los de los arzobispos), representativas de las cinco Llagas del Señor. Los palios, tradicionalmente son bendecidos por el Papa en el día de Santa Inés, virgen y mártir (21/1), e impuestos a los arzobispos metropolitanos del mundo en la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo (29/6). Es signo de la solicitud pastoral de todos los arzobispos, en comunión con el Obispo de Roma, cabeza de ellos.

 Oración por el Papa

El primero de los Cardenales Presbíteros pronuncia una oración en la que se pide a Dios que se digne bendecir al nuevo Papa y fortalecerlo con el Espíritu Santo, a fin de que su “alto ministerio corresponda a la grandeza del carisma que se le ha conferido”.

 

Entrega del Anillo del Pescador (Anuli piscatoris traditio)

El Cardenal Decano del Colegio Cardenalicio se dirige al Santo Padre, diciéndole que Cristo mismo le entrega el Anillo de Pedro, el Pescador, que puso su esperanza en el Señor, del cual recibió las llaves del Reino de los Cielos. Le recuerda que es Sucesor del Apóstol Pedro, como Obispo de la Ciudad de Roma, que preside en la caridad de la unidad, según las enseñanzas del Apóstol Pablo. Ruega, además, que el Espíritu Santo le conceda la fortaleza y la dulzura para congregar a los creyentes en la unidad.

Después, el mismo Cardenal consigna el Anillo al Papa.

El Anillo del Pescador representa la dignidad de la Suprema Autoridad conferida a Pedro y a sus Sucesores, es decir, el poder de “atar y desatar”.

 Acto de obediencia: (Oboedientia)

Una representación del Colegio de los Padres Cardenales se acerca al nuevo Pontífice y le manifiesta su obediencia con un gesto de veneración. Mientras tanto, la schola retoma el cántico de Tu es Petrus.

 

SANTA MISA

 Ritos iniciales

 Canto

Los ritos iniciales comienzan con el canto, por parte de la schola y la asamblea, de la antífona Iustus ut palma, tomada de dos versículos (13 y 14) del salmo 91. Luego la schola canta los versículos 2,3,5 y 6 del mismo salmo.

El Papa y todos los presentes hacen la Señal de la Cruz.

 

Acto penitencial

Se reza el Confiteor. Se concluye con la absolución general por parte del Papa.

 

Himno Gloria in excelsis

(De la Misa De angelis).

Se canta este himno de glorificación a la Trinidad.

 

Colecta

El Papa reza la Colecta propia de la solemnidad del día: San José.

 

Liturgia de la Palabra

 Se proclaman íntegras las lecturas de la solemnidad de San José. (La primera, en inglés; el salmo, en italiano, pero su antífona en latín; la segunda lectura, en español; el versículo -Sal. 83, 5- y la aclamación del Evangelio, en latín, y el mismo Evangelio, en griego).

 

El Evangelio es proclamado por un diácono. Al concluir su lectura, el diácono se lo lleva al Papa, quien lo besa y bendice con él al Pueblo

 Homilía

Por lo generaal, las homilías de inicio de Pontificado suelen ser de carácter programático.

 Credo nicenoconstantinopolitano

 Se canta el Credo elegido como oración propia de este Año de la Fe.

 

Oración de los fieles

En latín se menciona la intención por la que se va a pedir: La Iglesia, el nuevo Papa, los gobernantes, los pobres y los que sufren, y también por los presentes. La petición se hace. respectivamente, en los siguientes idiomas: ruso, francés, árabe, swahili, y chino. La invitación a orar, hecha por un cantor, es en latín: Dominum deprecemur (Roguemos al Señor). La respuesta de la asamblea, también: Te rogamus, audi nos. 

Liturgia de la Eucaristía Lee el resto de esta entrada

LITURGIA DE LA SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

LECTURAS DE LA SANTA MISA DE LA SOLEMNIDAD

Antífona de Entrada

 Celebremos con alegría la fiesta de san José, el siervo prudente y fiel, a quien el Señor puso al frente de su familia.

 Se dice Gloria.

 Oración Colecta

 Oremos:

 Dios todopoderoso, que quisiste poner bajo la protección de san José el nacimiento y la infancia de nuestro Redentor, concédele a tu Iglesia proseguir y llevar a término, bajo su patrocinio, la obra de la redención humana.

 Por nuestro Señor Jesucristo…

 Amén.

 

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de

 Samuel (7, 4-5. 12-14. 16)

 

En aquellos días, el Señor le habló al profeta Natán y le dijo: “Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto: ‘Cuando tus días se hayan cumplido y descanses para siempre con tus padres, engrandeceré a tu hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino.

 El me construirá una casa y yo consolidaré su trono para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente’ ”.

 Palabra de Dios.

 Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 88

 Su descendencia

 perdurará eternamente.

 Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor y daré a conocer que su fidelidad es eterna, pues el Señor ha dicho: “Mi amor es para siempre y mi lealtad, más firme que los cielos.

 Su descendencia

 perdurará eternamente.

 Un juramento hice a David, mi servidor, una alianza pacté con mi elegido: ‘Consolidaré tu dinastía para siempre y afianzaré tu trono eternamente’.

 Su descendencia

 perdurará eternamente.

 El me podrá decir: ‘Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva’. Yo jamás le retiraré mi amor ni violaré el juramento que le hice”.

 Su descendencia

 perdurará eternamente.

 

Segunda Lectura

 Lectura de la carta del apóstol

 san Pablo a los romanos

 (4, 13. 16-18. 22)

 

Hermanos: La promesa que Dios hizo a Abraham y a sus descendientes, de que ellos heredarían el mundo, no dependía de la observancia de la ley, sino de la justificación  obtenida mediante la fe.

 En esta forma, por medio de la fe, que es gratuita, queda asegurada la promesa para todos sus descendientes, no sólo para aquellos que cumplen la ley, sino también para todos los que tienen la fe de Abraham. Entonces, él es padre de todos nosotros, como dice la Escritura: Te he constituido padre de todos los pueblos.

 Así pues, Abraham es nuestro padre delante de aquel Dios en quien creyó y que da la vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que todavía no existen. El, esperando contra toda esperanza, creyó que habría de ser padre de muchos pueblos, conforme a lo que Dios le había prometido: Así de numerosa será tu descendencia. Por eso, Dios le acreditó esta fe como justicia.

 Palabra de Dios.

 Te alabamos, Señor.

 

 Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti,

 Señor Jesús.

 Dichosos los que viven en tu casa; siempre, Señor, te alabarán.

 Honor y gloria a ti,

 Señor Jesús.

 

 Evangelio

 † Lectura del santo Evangelio

 según san Mateo

 (1, 16. 18-21. 24)

 

Gloria a ti, Señor.

 Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo.

 José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

 Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

 Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

 Palabra del Señor.

 Gloria a ti, Señor Jesús.

Fuente: corazones.org

 

 

LITURGIA DE LA SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

VÍSPERAS II DE LA SOLEMNIDAD

Oración de la tarde

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en un principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

 ¡Oh qué dichoso este día

en que José, dulce suerte,

entre Jesús y María

rinde tributo a la muerte!

 

Tuvo en la tierra su cielo;

por un favor nunca visto,

con la Virgen, su consuelo

fue vivir sirviendo a Cristo.

 

Ya con suprema leticia

los justos lo aclamarán,

lleva la buena noticia

hasta el seno de Abraham.

 

Si fue grande la agonía

que sufrió en la encarnación,

será inmesa alegría

que tendrá en resurrección.

 

Quiera Dios que en nuestros trance

no nos falte su favor,

y piadoso nos alcance

ver benigno Redentor.

 

Que en Jesús, José y María,

gloria de la humanidad,

resplandezca tu armonía,

¡oh indivisa Trinidad! Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1 Hallaron a Jesús en el templo, sentado en medido de

los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

 

– Salmo 14 –

 

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda

y habitar en tu monte santo?

 

El que procede honradamente

y practica la justicia,

el que tiene intenciones leales

y no calumnia con su lengua,

 

el que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío

y honra a los que temen al Señor,

 

El que no retracta lo que juró

aun en daño propio,

el que no presta dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

 

El que así obra nunca fallará.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en un principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1 Hallaron a Jesús en el templo, sentado en medido de

los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

 

Ant. 2 Su madre le dijo a Jesús: “Hijo mío, ¿por qué te

has portado así con nosotros? Tu padre y yo te

buscábamos llenos de angustia.” Lee el resto de esta entrada

LITURGIA DE LA SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

LAUDES DE LA SOLEMNIDAD

INVITATORIO

 

V. Señor, abre mis labios.

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Ant. Adoremos a Cristo, el Señor, en esta solemnidad de san José.

[Sal 94] ó [Sal 99] ó [Sal 66] ó [Sal 23]

 

HIMNO

 

Escuchen qué cosa y cosa

tan maravillosa, aquesta:

un padre que no ha engendrado

un Hijo, a quien otro engendra.

 

Un hombre que da alimentos

al mismo que lo alimenta;

cría al que lo crió, y a mismo

sustenta que lo sustenta.

 

Manda a su propio Señor

y su Hijo Dios respeta;

tiene por ama a una esclava,

y por esposa a una reina.

 

Celos tuvo y confianza,

seguridad y sospechas,

riesgos y seguridades

necesidad y riquezas.

 

Tuvo, en fin, todas las cosas

que pueden pensarse buenas;

y es fin, de María esposo

y, de Dios, padre en la tierra. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1 Los pastores vinieron presurosos y encontraron

a María y a José, y al niño acostado en un pesebre.

 

– Salmo 62 –

 

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansias de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a las sombras de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en un principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1 Los pastores vinieron presurosos y encontraron

a María y a José, y al niño acostado en un pesebre.

 

Ant. 2 José y María, la madre de Jesús, estaban

maravillados de lo que se decía de él, y Simeón

los bendijo.

 

  Cántico.

Dn. 3,57-88. 56

 

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

 

Angeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

 

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor bendecid al Señor.

 

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor. Lee el resto de esta entrada

LITURGIA DE LA SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

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 OFICIO DE LECTURA

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Ant. Adoremos a Cristo, el Señor, en esta solemnidad de

san José.

 

HIMNO

 

Custodio providente y fiel del Hijo,

amor junto al Amor doquier presente,

silencio del que ve la gloria inmensa

de Dios omnipotente.

 

Esposo enamorado de la Virgen,

la mente ante el misterio reclinabas,

rosal inmaculado que florece,

es obra del Señor a quien amabas.

 

Callada voluntad en Dios perdida,

amor hecho mirada de confianza,

fiel en el trabajo y en la prueba,

proveenos de amor y de esperanza.

 

Protege la asamblea de los justos,

reunidos en la fe, cuerpo de Cristo;

sé padre que nos lleve a nuetro Padre,

amor del gran Amor que nos da el Hijo. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1 Un ángel del Señor se apareció en sueños a José,

y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María

como esposa; dará a luz un Hijo y le llamarás Jesús.”

 

– Salmo 20, 2-8. 14 –

 

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,

¡y cuánto goza con tu victoria!

Le has concedido el deseo de su corazón,

no le has negado lo que pedían sus labios.

 

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,

y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.

Te pidió vida, y se la has concedido,

años que se prolongan sin término.

 

Tu victoria ha engrandecido su fama,

lo has vestido de honor y majestad.

Le concedes bendiciones incesantes,

lo colmas de gozo en tu presencia;

porque el rey confía en el Señor

y con la gracia del Altísimo no fracasará.

 

Levántate, Señor, con tu fuerza,

y al son de intrumentos cantaremos tu poder.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1 Un ángel del Señor se apareció en sueños a José,

y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María

como esposa; dará a luz un Hijo y le llamarás Jesús.”

 

Ant. 2 Al despertar José del sueño, hizo como le había

ordenado el ángel del Señor y llevó a María como esposa a su casa.

 

Salmo 91

–I–

 

Es bueno dar gracias al Señor

y tocar para tu nombre, oh Altísimo,

proclamar por la mañana tu misericordia

y de noche tu fidelidad,

con arpas de diez cuerdas y laúdes

sobre arpegios de cítaras.

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