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Influencia Demoníaca

Colocamos ahora seguidos unos pocos puntos que pueden ser dados en fotocopias a las personas que padecen algún tipo de influencia demoníaca y que vienen a consultar al exorcista.

La idea al colocar estos puntos juntos es la de poder ofrecer un escrito breve y de carácter exclusivamente pastoral. Se trata con estos puntos de poder ofrecer un texto a los fieles que sufren o creen sufrir una influencia demoníaca.

Aquí no se pretende explicar qué sea la influencia ni cómo discernirla. Ni tampoco se explica la diferencia entre posesión demoníaca e influencia. La numeración continúa la de la parte precedente dedicada a los sacerdotes.

Como la gente pide muchas explicaciones al sacerdote al que ha ido a consultar, también hemos colocado unas explicaciones generales. Estos puntos deben ser meditados uno a uno en la oración con mucha detención por parte de las personas que están en un proceso de liberación por parte del exorcista.

La influencia es el fenómeno por el que un demonio ejerce cierta influencia sobre el cuerpo o la salud mental de una persona. En este fenómeno, el demonio no llega a poseer el cuerpo de la persona, de forma que el demonio no puede ni mover ese cuerpo, ni hablar a través de él. Sólo ejerce, como expresa la misma palabra, una cierta influencia.

La influencia puede ejercerse sobre el cuerpo (enfermedades), sobre la mente, sobre las emociones o sobre la voluntad. La influencia sobre la voluntad es al modo de una tentación fortísima. La voluntad siempre es libre y uno puede resistir una y otra vez esta tentación intensa.

La influencia puede ser sobre el cuerpo provocando determinadas enfermedades corporales. O sobre la mente, provocando una influencia del demonio sobre las potencias del alma induciendo de forma obsesiva a determinados vicios o pensamientos obsesivos.

Cuando se ora por una persona que tiene una influencia la reacción es distinta a la de la posesión. La persona siente un malestar general que acaba concretándose en un lugar concreto del cuerpo. O bien la persona acaba no pudiendo controlar la tensión que le provoca la oración, y hace movimientos extraños con los miembros, pero sin perder la consciencia.

En otras ocasiones la influencia se revela por la tremenda crispación que se manifiesta en manos o cara, crispación que suele ser la fase previa a la manifestación de la posesión, pero que en estos casos nunca pasa de esta fase previa sin que se llegue a producir el trance. Y no se produce el trance porque no hay posesión del cuerpo, sino sólo una influencia sobre éste.

Para los casos de influencia la persona tiene que recibir oración de liberación. Bien sea hecha por el sacerdote para que le libere de esa influencia, bien sea hecha por un grupo de laicos que oren por él. Siempre es preferible la oración comunitaria a la de una sola persona, pues el poder de la oración se suma.

Muy a menudo el sacerdote especialista en esta materia no puede estar totalmente seguro de que una persona sufra una influencia demoníaca. Pero sufra o no sufra esa influencia, la persona puede seguir los consejos que aparecen en estas páginas. Pues no hay otro remedio contra la influencia que el que aquí se explica. Y si la persona no sufre influencia no le vendrá mal seguir fielmente estos consejos.

Lo primero de todo que debe entender el que padece una influencia es que el remedio más importante para su problema es que el Reino de los Cielos penetre en su corazón.

Para que el Reino de los Cielos es necesario conocer más el mensaje y anuncio de Nuestro Redentor Jesús de Nazaret. Para lo cual nada mejor que leer cada día una parte del Evangelio.

Es necesario pedir perdón de los pecados. Para lo cual hay que examinar la conciencia durante varios días pidiendo a Dios que nos haga ver cuáles son nuestras faltas y pecados.

Si es usted de los que piensa que no tiene pecado alguno porque no roba ni mata, lea el Evangelio y pronto el Señor le iluminará para ver qué oscuridad es la que hay en su corazón.

Todos somos pecadores. El dolor de los pecados y el cambio de vida es necesario para acabar con las influencias demoníacas. Si usted no se humilla ante Dios y le pide perdón, no le suplique que le quite la influencia demoníaca.

Tras el reconocimiento de los propios pecados, hay que pedir perdón a Dios y después confesarse con un sacerdote.

Sin petición de perdón de los pecados, no hay liberación de una influencia demoníaca.

Es necesario que se convenza de que sin cambio de vida, abandonando todo aquello que vaya contra los Diez 

Mandamientos, no es posible la liberación de una influencia demoníaca.

Después de limpiar el alma con el perdón, hay que llevar una vida cristiana y hacer oración.

La oración llena el alma de amor a Dios.

La oración de la persona es necesaria para que ésta sea liberada. Si la persona no ora, no será liberada.

Si usted pide oraciones al sacerdote para ser liberado, debe ser el primero de todos en orar cada día. No pida al sacerdote, lo que usted mismo no hace en su propio favor.

Una persona que quiera ser liberada de una influencia demoníaca debe hacer cada día un plan concreto de oración con un horario y un tiempo fijado.

Como mínimo sugerimos este plan para cada día: Lee el resto de esta entrada

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EXORCISMO DE LEÓN XIII COMPLETO

EXORCISMO CONTRA SATANÁS Y LOS ÁNGELES REBELDES

Primero debe rezarse, como todos los días el Rosario de la Virgen y después el Exorcismo del Papa León XIII. ¡Todos los días! 

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

 Salmo 67

Levántese Dios y sean dispersados sus enemigos y huyan de su presencia los que le odian. Como se disipa el humo se disipen ellos, como, se derrite la cera ante el fuego, así perecerán los impíos ante Dios.

Salmo 34

Señor, pelea contra los que me atacan; combate a los que luchan contra mí. Sufran una derrota y queden avergonzados los que me persiguen a muerte. Vuelvan la espalda llenos de oprobio los que maquinan mi perdición. Sean como polvo frente al viento cuando el Ángel del Señor los desbarate. Sea su camino oscuro y resbaladizo, cuando el Ángel del Señor los persiga.

Porque sin motivo me tendieron redes de muerte, sin razón me abrieron trampas mortales.

Que les sorprenda un desastre imprevisto, que los enrede la red que para mí escondieron; que caigan en la misma trampa que me abrieron. Mi alma se alegra con el Señor y gozará de su salvación. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 Súplica a San Miguel Arcángel.

 Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo “contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires” (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y a tan “alto precio rescatados” (I Cor. 6, 20) de la tiranía del demonio. Con las huestes de los ángeles buenos pelea hoy los combates del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia y contra sus ángeles apóstalas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo. “Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente el denominado diablo y Satanás, el seductor del universo: fue precipitado a la tierra y con él fueron arrojados sus ángeles” (Apoc. 12,.8-9).

 He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de “ángel de luz” (II Cor. 11, 14) con la escolta de todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.

 Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria. Lee el resto de esta entrada